sábado, 28 de diciembre de 2024

Simplemente ; un tipo en camiseta

 Por Pavla Ochoa

 

No le queda nada. Después de que Neli muriera, no hay nada. Siente el dolor en las uñas, en sus hijos, en el mundo de panzas hambrientas.

Abandona su rol de docente en la Escuela Panamericana de Arte y se sumerge en una oscuridad digna de ser trabajada por sus propios pinceles.  Su cuerpo se inclina al subsuelo.

Los acreedores lo instigan a pagar deudas, todo es un viajar por las profundidades de la soledad.

El sonido del teléfono quiebra lo estático de esos días. Es Germán que le dice que ya no hay tiempo de más, que debe terminar el argumento que escribió y que debe entregarla el lunes para que salga esa semana en la revista “Karina”.




Alberto, le viene esquivando al trabajo por encargo. Sabe que es una revista vacía de contenido. Semanas atrás se indignó al ver la publicidad en la televisión en la que una mujer le habla a un hombre en un tren, de moda, de pintada de uñas y poniendo su pelo largo bajo la nariz simulando ser un bigote le pregunta; ¿si creé que Dalí, es un loco o un genio? Y además, le propone ser la mujer de James Bond al grito: “Todo al estilo de Karina”. 


Está indignado, no imagina su trabajo en ese universo de moda y superficialidad. Pero sabe que no puede seguir sin hacer un mango, ni parar la olla. Este decidido se va a poner a dibujar esas páginas, pero acaba de extraerse una muela y la infección crece abismalmente, minuto a minuto. El dolor se hace insoportable.

Tiene que terminar si o si el trabajo. Ahí toma una decisión; usar el collage. 

Se ríe mientras hace recortes de revistas y las pega con plasticola en la hoja y en voz intendible imita al locutor de esa publicidad  diciendo a los gritos o como le sale; “Hay un nuevo estilo…estilo: KARINA”.


De fondo se escucha a los cuatro de Liverpool cantando su “Eleanor Rigby”, banda sonora sugerida en el texto y de la que Pipiolo absorbe su esencia en su estética. La técnica elegida es ideal para reducir a tres páginas el extenso argumento que tenía 24 cuadros más.

Termina con las tripas en las hojas. Está conforme con el resultado final.




Llama a Germán para avisarle que el lunes lleva los originales. Tiene la adrenalina aún en su piel, le sugiere seguir con la historieta, del otro lado recibe la negativa, ya que considera que ese unitario no tiene más vida que la brindada en esos cuadros. No le importa está feliz.

De la dificultad una vez más encontró resoluciones, conceptos que le permiten crecer.



Al tiempo, recibe favorables críticas por su trabajo. Pero el tiene los pies en la tierra. Después de perder a quien amaba, nada va a sacarlo de su eje. Solo agradece y repite cada vez que se lo elogia; “Las cosas se mistifican y después se descubre que detrás del mito siempre hay una vulgaridad, un tipo en camiseta”.

Se ríe por dentro de esa frase que acaba de tirar al aire. Vuelve a tener esas ganas de dibujar y dibujar. Y ahí decide quedarse en el movimiento de las cosas. Ese torbellino de emociones que salpica con su pincel y tinta, una y otra vez.

El Eternauta y sus dos dibujantes

 Por Pavla Ochoa

Francisco Solano López y Alberto Breccia, fueron los dibujantes que Héctor Germán Oesterheld eligió para que fueran los responsables de darle corporalidad grafica al argumento de una historieta que transciende los tiempos. Una obra que se resignifica a medida que pasan los años y que se convierte en lectura imprescindible para hacerla dialogar con los hechos sucedidos en las últimas décadas en nuestro país.  




En las dos versiones de El Eternauta, encontramos a dos guionistas diferentes. El Oesterheld de 1957 es muy distinto al de 1969. En el argumento que dibujó Francisco Solano López, se alimenta de su formación humanista producto de su vida académica y de su contacto fluido con la literatura. En cambio, en la segunda reescritura, pone en juego su ideología y su adhesión política al peronismo.  El contexto personal y económico también hace la diferencia. En la primera el escritor es dueño de su propia editorial y de su libertad creativa, dispone de su tiempo para ir buscando la historia sin presión exterior. En cambio, en la nueva versión las cosas son diferentes, viene de quebrar su propio negocio editorial, vuelve a trabajar en condición de dependencia patronal y las deudas y parar la olla en su casa, termina siendo una fuerte presión a la hora de escribir.

Ahí reside la diferencia, en las condiciones de producción y en el contexto político social que determina sus rasgos ideológicos en el relato.

 

EL ETERNAUTA DE HORA CERO

Es el propio Oesterheld, en el reportaje publicado en la revista SIETE DÍAS, titulado “Mis 100 personajes y yo” , el encargado de valorar con  profunda honestidad intelectual a la saga que cambió la historieta criolla; “Creo, aunque peque de inmodesto, que fue lo mejor que se hizo en ciencia ficción en la Argentina y porque es una historia que no envejeció; al contrario, es vigente. Yo había trabajado en aquella extraordinaria colección que se llamó MÁS ALLÁ, y que editaba Abril. Desde entonces, me había quedado pensando en un cuento corto que empezaba con unos amigos jugando al truco mientras la ciudad se muere a su alrededor por la acción de una nevada mortífera. La idea era hacer una historia de final rápido, pero tuvo tal éxito que se convirtió en un folletín semanal que duró dos años. La dibujó Solano López, que se lució a lo largo de más de 350 páginas de 12 cuadros cada una, logrando una historieta popular de gran comunicación”.

El trabajo de Solano López se destaca por su carácter realista y de limitar su trazo a la necesidad del relato que propone una idea del héroe muy distinta a la marcada por las lógicas editoriales del momento que sostienen a un “héroe individual” sino que el acento esta puesto en construir al “héroe colectivo” con fuertes rasgos solidarios, humanos.

Una historieta que tiene un final imprevisible, según el propio Oesterheld; “El Eternauta es una historia con un final insólito, me lo han discutido tantas veces. Pero yo les dejo que lo discutan, porque si lo quiero explicar también entraría a discutirlo. Salió como salió, creo que es el final que le correspondía”.

 


Alberto Breccia, en la última entrevista realizada por el documentalista, Cesar Vidal en 1993 en su casa de Haedo, destacó la creación de una historieta que transciende generaciones y fronteras: “Como historieta, argumento, creo que El Eternauta fue lo más original que se ha escrito acá. Teniendo en cuenta los años que han pasado, que la ciencia ficción en aquel entonces no tenían la difusión ni la popularidad que tiene ahora, Héctor Oesterheld fue un precursor”.

 Además, Pipiolo, no dudo en destacar el trabajo de su colega dibujante; “Fue ilustrada magníficamente por Solano López que le dio el clima, es un especialista en climas. Es decir, le dio el clima adecuado, hizo un trabajo muy superior al mío, porque en esos momentos yo estaba en planos de investigación y la revista no me permitió concretar la misma porque la corto sorpresivamente. De manera que El Eternauta es la obra maestra de un maestro”.




 

EL ETERNAUTA DE GENTE

Héctor German Oesterheld, es contundente a la hora de definir la versión que hizo con Breccia: “El Eternauta en Gente fue un fracaso. Y fracasó porque no era para esa revista. Yo era otro. No podía hacer lo mismo. Y Breccia, por su lado, también era otro. Ese Eternauta tenía sus virtudes, pero también sus contras. Por un lado, su mensaje literario. Por otro, su mensaje gráfico”.




La versión de 1969 para revista Gente, fue criticada por su experimentación gráfica y su mensaje ideológico, motivos que llevaron a que fuera levantada bruscamente por la Editorial Atlántida. El escenario político y la enunciación especial de un texto movilizador para el destinatario, son elementos que rodearon a una obra maestra bastardeada por ser publicada en un medio de comunicación no adecuado para esa historieta, que llevo a que sea mutilada en su narrativa, siendo un final caótico, plasmado de extensos textos en sus últimas páginas, que en definitiva aceleraron el relato y la terminaron haciendo confusa e incompresible.



 

 En el año 2008, Francisco Solano López en una actividad realizada en el distrito de Moreno del conurbano bonaerense , pinceló las sensaciones encontradas por la sociedad del narrador de aventuras y el artista en contramano de la industria cultural: “Para mí fue muy difícil juzgarlo, porque cuando Héctor y Breccia se juntaron para hacerlo, no estaba en el país sino en España. Estaba recién volviendo, por eso entendí que tuvieran la necesidad de reproducir la historia y lo que ocurre o lo que no había advertido era el cambio político y la nueva vuelta de tuerca que le estaba dando Oesterheld a la historia”.

  



Sin dudar, Solano remarcó la ruptura de la aventura de sus dos colegas: “Tanto él como Breccia habían sufrido una evolución política que si yo hubiera estado cerca, posiblemente hubiéramos intercambiado ideas y a lo mejor salía algo parecido o no a lo publicado, pero la verdad es que fue una historieta hecha, vamos a decirlo, en complicidad con Breccia”.




La lógica de razonamiento de generar un binarismo enfrentado, un destello de la cultura argentina, puede encapsularnos en la pereza intelectual y obligarnos a entrar a esa lógica de convertir dos polos creativos en opuestos o podemos aceptar que ambas versiones son lectura obligatoria cuando hablamos de ciencia ficción e historieta argentina y sumergirnos en el profundo dibujo de Solano López y Breccia. Y no olvidar que Oesterheld, es una de las 30.000  personas desaparecidas en la última dictadura cívica, eclesiástica y militar en Argentina, victima del "Terrorismo de Estado".









jueves, 26 de diciembre de 2024

La historieta del elegido

 

 Por Pavla Ochoa


“Siempre que se hace una historia
Se habla de un viejo, de un niño o de sí
Pero mi historia es difícil
No voy a hablarles de un hombre común
Haré la historia de un ser de otro mundo
De un animal de galaxia
Es una historia que tiene que ver con el curso de la Vía Láctea
Es una historia enterrada, es sobre un ser de la nada…..”

Silvio Rodríguez


 Lee el dibujante el nuevo argumento escrito por Héctor. Es diferente al que rechazó en primera instancia. Esta vez no hay excusas. Piensa sobre el riesgo de dibujar esa historieta. No retrocede. Avanza en la lectura mientras la lluvia golpea el ventanal de su taller. Se queda quieto, mirando su patio, el cielo. Los sueños, la infancia, la voz de su amigo Rafael hablando de una verdadera patria socialista. Vuelve con ese viento revolucionario que le propone su colega a sus entrañas más profundas. Resuelve proponerle a su hijo Enrique que dibuje la etapa del Che en Bolivia. Sabe que, pese a su ideología y militancia peronista, va a aceptar ilustrar la biografía de ese hombre en historieta.

En medio de la habitación, pese a la primera negativa de “Churrique”, Alberto lanza un argumento pragmático:

- Unos mangos no vienen nada mal. Además, va a ser tu oportunidad de soltar tu riqueza plástica, la sensibilidad y las ganas de contar en cuadritos la historia de un hombre, más allá de una historieta partidaria.

 

- Viejo, sabés que la figura del Che me parece patética, porque en vez de alinearse con la persona indicada, que es Perón, fue funcional a los intereses que decía combatir. Y, además, si yo hubiera creído en el socialismo, hubiera sido socialista y no peronista ¿te quedó claro?

 

- Entiendo, pero tomalo como un trabajo y punto.

 

- Sabés que nunca creí, ni creo, en el panfleto artístico. Para modificar la realidad está la política, no la historieta.

 

Se quedan en silencio un largo rato. Hasta que el joven de 22 años acepta, pero hacen un pacto de sangre. Acuerdan no verse durante el mes que dure el proceso creativo, para no contaminar y no inmiscuirse en los trazos del otro. Esa noche llama a Oesterheld para contarle que van a ilustrar la historieta del revolucionario.

Del otro lado de la línea, el guionista festeja y distribuye automáticamente dos vertientes del relato biográfico. En ese sorteo arbitrario a Enrique le toca ilustrar los últimos días del Che en Bolivia y a él la niñez, adolescencia y los hechos de Sierra Maestra y la Revolución Cubana. Todo se mueve a velocidad, los editores Jorge Álvarez y Carlos Pérez, buscan que sea la primera historieta hecha luego del fusilamiento del Che.




Cuando le entrega el argumento a Enrique, le pregunta sobre el motivo que lo lleva a dibujarla y sin vacilar, el joven le responde; “por peronista”. No le discute nada, solo le hace un pedido explicito; “quiero que haya poesía en los combates” y se va. Deja trabajar a padre e hijo, a dejar que cada uno busque en su selva interior.



En cambio, Pipiolo para contar su parte de la historia se apoya en una única documentación gráfica que le acercó el editor Jorge Álvarez, dos ejemplares del diario cubano Granma. El dibujante busca la raíz. Todos los días se encierra en su buhardilla a trabajar en la vida de ese revolucionario al que admira, a diferencia de su hijo, que ve con recelo las opciones políticas del argentino-cubano. La música de la radio, rondas de mates y una gran cantidad de bocetos son el resultado de los primeros días intensos. No pretende hacer un dibujo revolucionario, como sí lo fue Mort Cinder, pero busca que se manifieste el respeto que él tiene sobre esa figura tan cuestionada por algunos sectores sociales. Se conmueve con la carta del Che a sus hijos. La última frase lo moviliza: “Acuérdense de que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros solo no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario. Hasta siempre, hijitos, espero verlos todavía. Un beso grandote y un gran abrazo de Papá”.



Esa noche, en la oscuridad del cuarto donde descansan sus libros más anhelados, siente al hombre nuevo en sus venas. Tiene miedo, son momentos duros. La pobreza personal por un lado y la cruel dictadura de Ongania por el otro. Sin tener noción del tiempo, vuelve a trabajar, dispuesto a terminar su parte del relato. La sangre se convierte en ave en pleno vuelo. Las sombras se desgranan en sus dedos, llenas de misterios, de brisas y huellas. Finalmente, termina el último cuadro.

Luego de varias noches, recibe la visita de Churrique. Él también terminó el argumento y no puede esperar para saber la opinión de su padre. Ambos, casi como un duelo de gladiadores, se pasan las páginas en un mismo movimiento. Alberto observa, respira esas imágenes. Le llama la atención los grandes planos y negros para componer las figuras. Deduce que su hijo dibujo sobre una cartulina enyesada, entintada de manera tal que la tinta excedió los límites de sus trazos. El raspaje lo hizo con una hoja de afeitar. Las líneas quinéticas realizan el movimiento y el drama del combate. Siente orgullo, se lo va a decir, pero en ese momento Enrique pregunta por el primer cuadro:

- ¿Qué significa el cuadro blanco? ¿Vendría a ser como el inicio?

- Parecés un crítico de historieta. No busqués la quinta pata al gato, está así para pegarle la partida del nacimiento del Che, que todavía no me la envió la editorial. Por cierto, hiciste un trabajo excepcional.


Sus ojos lo dicen todo. No hace falta más. Destapan la única botella de vino que reposa en la vieja cocina y brindan por la aventura que tendrá por primera vez la firma Breccia en duplicado. Ninguno imagina lo que le depara el futuro, sólo se dejan llevar por las semillas de hombre nuevo que reposa en sus páginas. Luego entenderán que el elefante de la dictadura aplastará esa sencilla y compleja historieta. Por ahora, ambos tienen a la libertad sin cadenas en sus manos, la posibilidad de sentirse vivos, pese a que el dinero por esa obra sólo alcance para la cartulina enyesada sobre la que dibujaba Enrique. No importa el vil metal, sino la posibilidad de quebrar lo estático del tiempo. Ambos se abrazan en el fuego del dolor, lleno de sangre, pero también lleno de futuro.

viernes, 20 de diciembre de 2024

Rosario siempre estuvo cerca

 

Por Pavla Ochoa

Se respira historieta en Córdoba. Miguel está rodeado de dibujantes que había leído de pibe y ahora lo tratan como colega en la Bienal de Historieta. Se queda en silencio mirando la secuencia que lo rodea. No hay tiempo de más, hay que ir a Rosario. La cita es homenajear al viejo Breccia.

Sube al micro. Está nervioso, no dice ni una palabra. Se respira tinta. Hay una parada de rutina en región, y es todo lo que compra: un largo y delgado salame de Caroya, envuelto en un papel de almacén. Trata de no llamar la atención, sube y se sienta al lado de la ventana.




 

No lo puede creer va a dormir con el troesma. Lo ve enfundarse en su prolijo pijama, doblar cuidadosamente sus pantalones y camisa, mientras él se desparrama en su cama. Hace mucho calor, en el ambiente.

Breccia, no para de mirar el chorizo de Caroya, sobre la mesa. Transpira tanto, el salamín, que el papel ya es grasa. Insostenible. Larga una fragancia entre porcina y anisada. Algo que el viejo reconoce por su trabajo de tripero en Mataderos. Pero, el sudor, el olor hace imposible poder dormir. Y fiel a su estilo sin filtro en la lengua, escupe brutalmente:

 

–Miguelito, hay que hacer algo con ese salame.

 

–No entra en el bolso, Alberto.

 

–Hacé algo. Es un espectáculo indecoroso.

 

Miguel, sabe que está al límite. No duda, envuelve al embutido en una frazada y lo pone en el estante donde se apila la ropa. El viejo, se ríe sin sonido y se acuesta en su cama de cara a la pared, da las buenas noches y el joven apaga la luz.




Mantiene los ojos abiertos, pensando en si el chorizo aguantara el calor de la frazada, si es posible que estalle, si su olor sería insoportable, si, incluso, no va a roncar. Tiene miedo. Está atrapado en una habitación de luces y sombras, con algunos dosificados blancos y agobiantes masas de negro. Tiene miedo de que alguien gire el picaporte de la puerta y una gota oscura y pesada, se desprenda del techo. Sangre en sus manos. No quiere dormir, ni soñar.

Imagina en esos vuelos mentales que Breccia será atrapado por un monstruo surgido del chorizo de Colonia Caroya, y que moriría en Rosario y todo por darle albergue a un dibujante desconsiderado.

 Esa noche, Miguel, duerme poco y habita un mundo lejos del espacio tiempo.





 

 

 Fuente:   https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-7669-2012-02-05.html

 

 

 

domingo, 8 de diciembre de 2024

José Massaroli:"Adorable puente"

 Por Pavla Ochoa

¿A quién no le gusta cruzar un puente? Eso es lo que hicimos junto al dibujante José Massaroli, en la tarde noche del 19 de septiembre de 2014 en la Biblioteca Nacional. Si nos detenemos en unas de las  definiciones de diccionario  donde dice:“Persona o cosa material o inmaterial que sirve para poner en contacto o acercar dos cosas distintas”. Es justamente lo que hicimos; un puente entre la Editorial Columba y Alberto Breccia. Parafraseando a Gustavo Ceratti,”adorable puente”.

 

                                   



Usted, estudió en el IDA, pero no llegó a ser alumno de Breccia ¿por qué ?

 Cuando comencé a estudiar en marzo de 1971 en  IDA, el edificio se había mudado  de Florida al 700, donde lo había visitado a mediados del '70,  a la Galería Güemes, ahí estudie Anatomía Artística con Ángel Borisoff y al siguiente año me anoté en Dibujo Publicitario con Pablo Pereyra como profesor, porque ya no quedaba quien enseñara historieta, dado que Breccia se había ido; por eso no llegue a ser su alumno.

Cuando él decidió abandonar el IDA, sugirió que sus alumnos no se desperdiguen; que si conseguían un lugar apropiado, él seguiría con las clases. A partir de ahí nace el “Estudio Géminis”, un “refugio de creadores”, como lo llamó Gaspar González, quien fue una de las personas, junto a Silvestre Szilagyi y otros fundaron y mantuvieron, una experiencia única en la historieta argentina de la que tuve la suerte de formar parte años después, y que duró casi 24 años.




 ¿Cuándo comenzó a trabajar para Editorial Columba?

 Justamente, cuando fui a buscar trabajo a Columba, lo que me dijeron era que me olvidara de dibujantes como Breccia, señalando que si quería estar en la empresa, las caras tenían que ser “nítidas y lindas”.

 Llega a ser contradictoria esa postura, si se observa que unos de los alumnos de Alberto,  Lucho Olivera; a Nippur de Lagash le da un clima brecciano al relato del personaje estrella de Columba. Y si seguimos viendo revistas de esa editorial vamos a encontrar dibujantes como Lito Fernández, Mandrafina, Szilagyi, estudiantes del viejo.

 Sí, pero, por ejemplo, a Szilagyi lo tuvieron mucho tiempo haciendo historietas románticas para Intervalo cuando lo suyo eran las policiales y de ciencia ficción. Los otros maestros que nombraste ya estaban “consagrados” y podían hacer lo que querían, siempre dentro de ciertos límites  Aquella era una fórmula que para ellos funcionaba. Columba sostenía esa estética para que la respeten los dibujantes y guionistas y les imponía un concepto de aventura con fórmulas que fueron quedando retrasadas en cuanto al desarrollo de la historieta mundial. Se obligaba a los principiantes, como lo fui yo en 1975, a copiar a los autores más exitosos del momento, entre otras cosas, por la necesidad creciente de material apropiado a un público ya acostumbrado a determinados estilos.

 

En 1939, Alberto Breccia realizó una historieta cómica para “Páginas de Columba”, pero después no volvió a publicar más para esa editorial ¿Por qué cree que no volvió a trabajar para  la editorial de la palomita?

 En la época en que Columba se hace medio de comunicación masiva, Alberto estaba en su mejor etapa de experimentación y eso no encajaba en los parámetros de esa editorial, que buscaba un dibujo más simple, directo. Hoy en día, reconozco que la editorial conocía bien a su público, tenía una línea y supo mantenerla con éxito contra viento y marea y sólo desapareció cuando al par que se producía a devastación neoliberal de los '90, cambió totalmente el contenido de las revistas con un resultado desastroso para las ventas: perdieron su viejo público sin ganar uno nuevo.

 

   


En un capitulo de Nippur de Lagash;  “La columna de los buitres”, aparecen varias caras del mundo de la historieta argentina. Por ejemplo el mismo Wood es Madheras y sus amigos; los hermanos Villagran, Jorge Zaffino, Lucho Olivera, entre otros y en sus enemigos puede verse a Horacio Altuna y Alberto Breccia.

 Si, ahí aparece Breccia como un personaje y lo matan, lo mismo que a Altuna (Ndr: comienza a reír al recordar la broma de Zaffino) y el que lo hace es el personaje Madheras que personifica Wood. En cierta manera eran conscientes de que había dos formas de encarar la hitorieta, y que estaban en “bandos distintos”, pero siempre con un gran respeto por el nivel artístico de todos ellos.

Igualmente para salir de la humorada de Woord y Zaffino, es en esa misma historieta donde hay un homenaje explicito en su composición a una pagina de “La batalla de las Termópilas” de Mort Cinder. Es decir, había una distancia entre la empresa y Breccia, pero no así con los dibujantes.

Si. Era la empresa quién no comulgaba con ese estilo de historieta, pero tampoco el mismo Breccia  coincidía con esa forma de producir. Alguna vez Alberto me dijo hablando de un dibujante de esa editorial;”No se puede hacer mierda por 20 años impunemente”, frase que podría haberse aplicado a muchos, dada la forma “industrial” de producir historietas, a veces en una noche, o en dos días.


 ¿Qué cree que le aportó Breccia a la historieta?

 Para mí, Breccia fue el equivalente a Piazzolla en el tango: cambió todos los parámetros de la historieta; la llevó a un nivel plástico nunca visto antes y al que fue muy difícil ignorar a partir de ahí. Mort Cinder, su versión de El Eternauta, Los Mitos de Cthulu, etc. convirtieron en antiguos a muchos excelentes dibujantes. De ahí en adelante hubo que tener en cuenta la necesidad de expresión del dibujante en la factura de las historietas.

 ¿Recuerda alguna anécdota con Breccia?

 La principal, que todavía me guía, fue la primera, cuando lo fui a ver a la IDA de Florida al 700, le mostré mis historietas de aficionado de 18 años que había estudiado por correo, y le pregunté “Le parece que puedo dedicarme a esto?”.  La respuesta fue, mirándome fijamente “Métale”. No necesité más para dejar mi pueblo, Villa Ramallo, al terminar la secundaria, venirme a Buenos Aires y empezar a recorrer editoriales y estudiar en IDA.

 ¿Cuál de todas las obras del dibujante es la que destaca usted?

 Mort Cinder, sin duda, y Sherlock Time. Pero creo que hay que hacerle justicia insoslayablemente a la última parte de Vito Nervio, la de fines de los '50, y a una historieta que también salía en la revista Patoruzito aunque creo que la había hecho para el exterior: Armas de Fuego, en las que lleva el arte de la historieta “clásica” al mayor nivel. Se comprende que habiendo llegado a ese nivel de excelencia, era  imperioso para él lanzarse a explorar nuevos caminos, nuevas formas de tratar el dibujo y el relato.

 Entendiendo que no llego a estudiar con Breccia en IDA. ¿Pudo tener charlas con él para sacarse dudas que aparecían a la hora de dibujar profesionalmente?

Sí, tuve la suerte, el privilegio diría, de acceder a su casa de Haedo en 1974, por medio de su hija Patricia, que fue compañera de trabajo en la editorial de García Ferré, y poder mostrarle en sucesivas visitas, mis “avances”, recibir breves pero contundentes consejos y observaciones que tenían un peso enorme y sin duda fueron muy importantes para el desarrollo de mi dibujo. Tal vez lo principal haya sido, sin embargo, que tanto él como su esposa Irma me brindaran generosamente su confianza, su comprensión y simpatía en aquellos momentos difíciles de mis comienzos.