domingo, 16 de marzo de 2025

El ayudante de Eugenio Zoppi y Alberto Breccia: Horacio Lalia


 Por Pavla Ochoa


Sueña con dibujar historietas. Se muere de ansiedad. De repente, un pibe del barrio le dice, la fija:

-Hay una clienta que viene al comercio de mi papá y el marido es dibujante de historietas y hace un personaje de historietas ¿Te interesa que le hable?

- Si, dale… ¿sabes que personaje es?

-Misterix.

Horacio,  con sus 16 años, se queda inmóvil, Lee esa revista y deduce por instinto, que el dibujante, es ; Eugenio Zoppi. No puede creer, que su sueño este cerca de cumplirse. A la semana, llega la respuesta: tiene que ir a verlo.

 




Al llegar, a la casa, lo primero que hace es contarle que es del barrio y que es lector de historieta. Eugenio, ve la emoción en la mirada y le pregunta sin rodeos:

-¿Le gusta dibujar?

-Sí, mucho. Traje algunas cosas para que las pueda ver…

- Me gusta… Para empezar, le voy a dar tres tiras de Misterix para que le haga el lápiz ¿le parece, bien?

No dudo, ni un segundo. Se fue a su casa y las dibujo. Cuando se las llevó, Zoppi, redobló la apuesta:

-Ah, está bien. ¿Te animás a pasarlas a tinta?

- Claro, maestro…me animo.

Puso el corazón en cada trazo de pincel. El trabajo le gustó al dibujante y así, de la nada, el joven Horacio, se mete al mundo de cuadritos que tanto le gusta leer cada semana.

A los días , Eugenio lo llama por teléfono y le dice: “tengo mi ayudante que se va ¿le interesa venir a trabajar acá?”. Y arranca a trabajar, dibujando y pasando unos fondos a tinta para la revista de la Editorial Abril.

Todo va a mucha velocidad. Se siente Fangio, de sentir el viento en la jeta, de cómo se mueven los días en su inicio en el oficio de dibujar. Pero, aún falta la frutilla al postre.




 A los tres meses, Zoppi, le presenta a su concuñado; Alberto Breccia. Son familia y vivé a seis cuadras de su casa, entre Ramos Mejía y Haedo. Horacio no lo puede creer. Tiene en frente a dos tipos, que le hacen volar la imaginación con lo que dibujan y encima son vecinos del barrio.  En esas tardes, en la que el dibujante de Vito Nervio, va de visita, es el propio Eugenio que al enterarse que se queda sin ayudante, le ofrece a Horacio, como una solución : “ es un muchacho que está conmigo, es del barrio ¿te interesa que lo compartamos?”.

-Bueno...macanudo- respondió sin tanta vuelta, Pipiolo.

 Y así, el pibe que soñaba ser un dibujante profesional, comienza a trabajar con dos maestros del oficio; Eugenio Zoppi y Alberto Breccia.

 No importa, el esfuerzo que le genera tanto trabajo, es feliz con lo que hace.  A la mañana arranca con Eugenio y al mediodía, sigue con Alberto hasta las dos de la tarde. Es feliz, sueña con hacer una historieta y firmarla con su nombre; Horacio Lalia. Por como se viene dando todo, es posible que muy pronto eso suceda. Mientras, dibuja, disfruta y aprende de dos obreros del lápiz.



Fuente: https://laduendes.blogspot.com/2010/07/entrevista-horacio-lalia-primera-parte.html

Foto de Alberto Breccia y Eugenio Zoopi, junto a colegas en la redacción de la revista Aventuras, del Facebook de Patricia Breccia


sábado, 8 de marzo de 2025

Alberto Breccia: El proletario del lápiz

 Por Pavla Ochoa

 

Amalia Gemelli, tomó la taza de mate cosido, se limpió el delantal y quedó inmóvil viendo el sol por la ventana mientras el sonido de los aviones del ejército sobrevolaba  la ciudad, alentados por un grupo de personas excitadas en las veredas. Miró entre las sabanas a su hijo de once años y sin titubear interrumpió el sueño: “Hoy no vas a ir a la escuela, porque hay un golpe de estado”. Alberto no entendió bien pero pudo deducir que algo había cambiado a su alrededor. En su corta vida lo más importante hasta ese momento había sido atravesar la odisea de hallar la figurita “difícil” y  llenar el álbum de Nestlé. Luego decidió no reclamar el premio; la pelota número 5 de cuero, para  poder quedarse con la colección completa, su más preciado tesoro.

 

Esa tarde salió a las calles adoquinadas y ató al manubrio de su bicicleta unas temperas, unos vasos y  pedaleó de Mataderos hasta San Miguel para hacer paisajes en cajas de cartón de envoltorio de alimentos. De regreso a su hogar, entre paredones de ladrillos, calles de barro y profundas nubes en el cielo que daban la sensación de estar al alcance de las manos, de tan bajas, escuchó los gritos de un joven canillita que difundía la edición extra del diario “Crítica” insistentemente: ¡Revolución! Revolución!  Esta mañana el Ejercito Nacional, al mando del General Uriburu, se levantó contra el gobierno inconstitucional del señor Yrigoyen”. El niño Breccia supo que una etapa oscura había empezado en el país y se juró así mismo estar atento a la realidad política  y contarla a los demás con su arma de fuego, el dibujo.



El pájaro sin jaula


-Estás loco, te dije que no

- Dale, firma.

-No, Rafael y ya no insistas.

 

La secuencia se repitió una y mil veces, pese al esfuerzo descomunal de uno de sus mejores amigos de la infancia, volvía  a rechazar la idea de estampar su apellido a  la ficha de afiliación del Partido Comunista, porque creía que ninguna estructura política partidaria representaba sus ideales.

 

Rafael, ese gomia que lo hizo reír a carcajadas cuando se pinto las medias con pintura negra para entrar a los bailes del rioba, vio en su mirada un rayo en la oscuridad cuando le dijo sin filtro alguno; “Quiero ser periodista”, entre la gente amontonada que esperaba como ellos llenar el plato con “puchero misterioso”, una especie de bolillero de lotería en la cocina del hambre donde el premio era un trozo de carne y el líquido caldoso solo un amargo consuelo.

El 24 de junio de 1935, Tito le comentó que había comenzado a trabajar con su padre de tripero, mostrándole sus manos que estaban hinchadas de esfuerzo pero que iba a comenzar a dibujar. Tres años después, le obsequió el primer número de una revista que hizo con su hermano Miguel llamada simplemente “Acento” con fuerte influencia de la revista Claridad.

Rafael, distinguió que los dibujos estaban bajo el nombre de “Veritas” y se detuvo a leer dos artículos literarios que si tenían la firma de Alberto Breccia.

“Éramos jóvenes e idealistas, con inquietudes sociales (…) Eso sí, la revista la regalábamos porque nadie la quería comprar”; recordó años después el dibujante sobre esa experiencia. En ese momento, Rafael comprendió que él no tenía miedo de fracasar como artista  porque no se consideraba como tal, sino que él se veía a si mismo como un trabajador, lo que le daba libertad, esa era su ideología.





 

Metamorfosis de tinta

Las primeras reuniones con sus pares  del dibujo fueron en la casa del “Tano” Pratt,  donde el vino y la milonga eran los elementos esenciales de esas jornadas nocturnas.

 En medio de risas y anécdotas inventadas por los nuevos camaradas de aventuras, Tito distinguió una voz que rezaba un deseo: “Junto a mi hermano Jorge vamos a crear una editorial de historietas y van a venir todos ustedes a dibujar los argumentos”, pero no prestó mucha atención, porque era algo más que decoraba la situación de algarabía.

 Se sentía feliz, todo era logró del esfuerzo de aprender a dibujar, estaba orgulloso de que la gente lo reconociera por su trazo en Vito Nervio y de poder dejar atrás las moscas del frigorífico.

  Días después en el barrio de Palermo, enfureció al escuchar el sermón del anfitrión de esas tertulias: “Vos sos una puta barata, porque estás haciendo mierda pudiendo hacer algo mejor”.Con rabia en la mirada aceptó la propuesta de Héctor Gérman Oesterheld de incorporarse a esa idea que había escuchado murmurar pero que se había concretado en la  Editorial Frontera  El resultado fue “Sherlock Time”, un cambio rotundo en su grafica, al  extremo que sus lectores no podían creer que fuera el mismo dibujante que hacía "Vito Nervio" meses atrás, la única explicación que algunos aceptaban era que se había “vuelto loco”.

 

 Gozó al escuchar al dibujante de Ernie Pike decir:”Me dio tanta rabia ver tu historieta que la tengo acá escondida. Pero es muy buena”.  En ese instante sintió que podía remontar vuelo a sus 40 años de edad.

 Luego de esa explosión enunciativa, volvió a trabajar con Gérman en 1962. El guionista venia de cerrar su editorial por problemas económicos y retornaba a trabajar bajo contrato en la segunda etapa de la mítica revista Misterix, de la Editorial Yago, mientras que Alberto manifestaba  la angustia de padre y de hombre por la enfermedad de su esposa, Nélida García.

Todo estaba contaminado de angustia.

  Estos universos en crisis fueron parte de la retórica de Mort Cinder. Sintió en ese tiempo el dolor en las uñas, en sus hijos, en el mundo de panzas hambrientas. Abandonó su rol de docente en la Escuela Panamericana de Arte  y se sumergió en una oscuridad digna de ser trabajada por sus propios pinceles.

 

Su cuerpo se inclinaba al subsuelo.

 

 Los acreedores lo instigaban a pagar deudas, todo era un viajar por las profundidades de la soledad. El sonido del teléfono quebró lo estático, era Oesterheld que lo apuraba a terminar “Richard Long”, un encargo para la revista Karina. Sin entusiasmo alguno y con un dolor de muela, decidió usar el collage. La crítica elogió su capacidad de resumen del relato, obviando el motivo particular del uso de esa técnica. Después de esa situación, se lo escuchaba declarar algo de lo que realmente estaba convencido: “Éramos felices hasta que aparecieron los especialistas en historieta y ahí cagamos”.Tanto había cambiado su rumbo en comparación a sus primeros trazos  que resolvió quemar en el patio de su casa de Haedo los originales de Vito Nervio, sentía que él ya no era el mismo.

 




Llamas de furia

El otoño se mostraba demasiado frío. El miedo y el silencio tomaban protagonismo en la ciudad donde solo se respiraba aire de nefasta dictadura. Una mañana lluviosa, el colectivo en que viajaba fue detenido por un grupo de soldados en el marco de un operativo. Después de pasar la revisión del milico, al volver a su casa en el pulmón de Haedo, el infierno cívico militar ardía.


Estaba bañado de impotencia, se había enterado del secuestro de los jóvenes de enfrente por parte de los perros del orden. Los conocía de años y había escuchado la decepción en carne propia que les toco vivir en consecuencia de las acciones  ejercidas por Perón en su retorno al país. En muchas ocasiones rió al escuchar al loro de los muchachos cantar la marcha peronista con mucho ímpetu, ahora tenía miedo, pero no era paralizante, sino que lo provocaba a gritar en la afonía social.

 

Calentó la pava de mate y se cebo unos amargos. En la soledad de su taller de trabajo, frente al tablero pensó en voz alta: “Si el pueblo se hubiera revelado, esto no hubiese pasado. Quizás hubiera ocurrido una verdadera carnicería, pero en una lucha a cara descubierta; sin torturas, sin secuestros, sin robo”. Inmediatamente, la imagen de Rodolfo Walsh, Jorge Cafrune y de su amigo Héctor Oesteherld, secuestrados  por romper las mordazas impuestas por el gobierno de facto se le cruzaron por la cabeza y escribió; “Carnicería de estado” en la página de Drácula que estaba dibujando.

 

Especuló que si encontraban los militares esa leyenda manuscrita lo iban a fusilar. Sintió atracción por el riesgo, por el peligro, similar sensación que tuvo cuando Irma Dariozzi, su segunda compañera de vida, enterró en el jardín una escopeta, el libro de  Eduardo Galeano; “Las venas abiertas de América Latina” y una revista “La Vida del Che” que dibujo junto a su hijo Enrique en tiempos dictatoriales de Ongania. Esta vez todo era distinto, el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” era un plan de muerte planificado y él no se iba a quedar quieto mirando hacia otro lugar.

 

El 30 de octubre de 1979, se enteró de la muerte de Oscar Conti (Oski), su amigo entrañable que vivía en Milán y que en  la visita a Argentina para una muestra internacional de humor  terminó operado de urgencia e internado en el Clínicas de Buenos Aires. Esta noticia junto a la de la desaparición del guionista de El Eternauta lo llevaron  a una  tristeza gigante, a un estado de introspección que plasmó en pinturas, una actividad plástica que le apasionaba.

 

A fines de 1981, en medio de una reunión familiar, Alberto comprometió públicamente al novio de su hija, Patricia:

 

-Juan porque no me haces un guión, una cosa aventurera, más o menos vendible, no una cosa hermética, complicada.

 

-Bueno maestro - respondió tibiamente el joven periodista que había intentando hacer algunos argumentos de historietas preguntando a su colega Guillermo Saccomano, pero con un resultado final no tan alentador.

 

Esa noche, Juan volvió a su casa con el desafió impuesto por el eterno proletario del lápiz. Golpeó la Olivetti durante horas, hasta que escupió cicatrices de sobreviviente. Era muy tarde cuando terminó el guión de Perramus.

 

A la mañana siguiente, sé dirigió a la trinchera de Haedo con las primeras ocho páginas. A Breccia le fascinó la idea, tanto le gusto lo escrito que se fue a dibujar bocetos a su cueva laboral. Salpicó con tinta aguada la hoja en blanco y percibió que de ese modo podía sintetizar la perdida del alma de la ciudad de Buenos Aires, donde todo era gris. Trazó con furia las figuras de los golpitas y el resultado fue una imagen simple y contundente, calaveras sin piel.

 

El coctel de literatura, política y metáforas era perfecto, estaba frente a la jaula y el pájaro hacia un repentino revuelo de plumas para que la denuncia explícita del terror se multiplicara en el aire.

 

El lector pudo ver las huellas del dibujante, percibir sus vacilaciones y su trazo y hasta pudo escuchar su respiración.

 

Años después, Tito sonrió con el prologo de su amigo Osvaldo Soriano y sus palabras de elogio a gran escala; “La primera obra cumbre de la historieta argentina está aquí (…) Sería insensato reducir esta epopeya de imágenes a una simple alegoría sobre los males de la represión y los mecanismos del olvido. A lo largo de estos cuadros pintados con ferocidad y ternura, Breccia y Sasturain recorren el universo de los perseguidos y los marginales. Los sonidos recodos de un mundo que cambia para no cambiar lo esencial (…)”.

 

Fueron épocas de ilustraciones urgentes y percepciones de un hombre que tomó coraje y se animo al mundo: “Me dí cuenta que con un arma ridícula, como un pequeño pincel, podía decir cosas muy graves, muy importantes (...) Yo creo en el fondo ser un romántico y no un dibujante negro. Soy alguien que muestra las heridas, siempre deseando que no existieran. Eso es un romanticismo puro, ya que las heridas van a seguir existiendo".


Pinceladas en la piel

Alberto Breccia, fue un desobediente a las reglas del mercado. Jamás olvidó su rol de comunicador sobre las realidades que lo rodearon: Me formé con la gente del suburbio, la gente que vivía al margen de la gran ciudad. Después, con mucho esfuerzo y mucho trabajo comencé a afinarme un poco. Pero en el fondo sigo siendo un hombre de barrio. El resto no es más que una pincelada de barniz “.

 


Todo elemento que lo rodeaba le revelaba un nuevo camino a transitar. Utilizó para trabajar: “los dedos, la palma de la mano, palitos, vidrio, cepillo de dientes”. Lo que estuviera al alcance de sus manos como el martillo al pincel, la gillette a la pluma o manubrios de bicicleta, servia para poder expresar sus ideas del mundo. 

 En su vida se descubrió y se inventó cada vez que se enfrentó a la hoja en blanco para enunciar gráficamente un pensamiento o un sentir:” ¿Por qué debo continuar dibujando siempre del mismo modo? Cuando dibujo, soy yo mismo siempre, sólo cambio los signos con los que exprimo un concepto. Tener un estilo personal, este tipo de sello de garantía es simplemente pararse en el punto en que alcanzamos el éxito."

El rioba, el boxeo, la literatura y el tango fueron los cimientos  de su "cosmogonía" hasta el día de su muerte el 10 de noviembre de 1993;” En mis dibujos y mis pinturas hay siempre una callecita de barrio, siempre. Está siempre el suburbio (…) Mis amigos eran obreros, mis primeras novias eran novias de obreros, es decir. La música que se escuchaba era la que se escuchaba en las ciudades obreras, el tango". 


 La libertad fue la inamovible postura de vida de un hombre que retrato las heridas del ser humano y las de su propio ser.








“El Proletario del lápiz",  es una nota que escribi para la sección Malditos publicado en la revista Sudestada Nº 122, agosto de 2013.

 

Aclaración necesaria para no generar caos en lxs lectorxs ; en la nota gráfica aparece en la firma mi viejo nombre antes de la transformación del ser, en este posteo la modifico con el nombre de mi identidad autopercibida .

 

martes, 18 de febrero de 2025

El Vito Nervio de "Chaupinela"

 Por Pavla Ochoa

Está ansioso de volver a trabajar con su viejo amigo de aventuras. A quien se le cruza, les dice; “Wadel es el primer guionista profesional ciento por ciento. Un hombre responsable que se toma muy en serio su trabajo y que está muy olvidado”.

La idea de volver a dibujar a Vito Nervio después de 14 años, lo invita a regresar gráficamente a una forma de hacer historieta. Un territorio que hace mucho no habita.

Cuando va de visita a la casa de Almagro, a pocas cuadras de Plaza Once y Boedo, lo primero que ve en la cueva de su viejo amigo, es una biblioteca que ocupa toda una pared, con miles de libros, revistas y recortes periodísticos.  Sabe que ese material de archivo, le despierta la imaginación creativa. Pero, no puede callarse al ver en otro muro, los cuadros de José Luis Salinas y Emilio Cortinas, con la firma de ambos:

-¿Para cuándo pones algo mío ahí?  - y comienza una carcajeada infinita, llena de amistad.

Al rato, comienzan a cranear la nueva peripecia. Se sorprende cuando Leonardo le dice:

-Está vez, Vito, va a ser más viejo…casi como nosotros…

-¿Te parece?

-Viejos, pero no obsoletos. Ahora a los historietistas se le han subido los humos a la cabeza. A toda costa pretenden considerar la historieta un arte. Para mí se trata de un simple entretenimiento.

-En nuestros tiempos, por suerte, no éramos vedettes. Éramos laburantes, que hacíamos un trabajo muy oscuro, sin transcender. Ahora no sé porque misterio, se ha convertido en algo que nos reportean por lo que hacemos.



Se ríen del intercambio de ideas. Pero vuelven a lo suyo. Para Alberto es un desafío volver a Vito.  Es volver a la línea clásica de su dibujo. Piensa que, si alguna vez le sacó el jopo y le brindó otras


características al personaje, ahora lo va a tener que hacer como un abuelo canoso que ahora dirige una Academia de Criminología y que tiene una hija; María de Los Ángeles y un nieto de 10 años; Cacho. Es evidente que el tiempo ha pasado para el detective como para ellos mismos.




Al tomar apuntes de la aventura, se da cuenta que Leonardo está usando una estructura argumentativa que ya hicieron en el pasado. No importa. Siente que la nostalgia está hecha historieta. Pero que lo importante es que vuelve a ser camarada con ese tipo con el que compartió muchos años de laburo, codo a codo. Tiempos de mishiadura, de pelearle a la vida.




Ahí están, haciendo nuevas aventuras para la nueva revista “Chaupinela”. No los convence que los originales van a tener la instancia de guía de color, pero ya vivieron esa angustia con la publicación de Vito Nervio de la Editorial Esquiú- Difusión. En las cinco aventuras republicadas, los cuadritos eran extremadamente pequeños, el dibujo desaparecía como manchas en el colorido de la editorial católica.  En esos años, había que hacer todo para pucherear. Y ahora, es la misma milonga de siempre. Solo que el tiempo pasó velozmente para ambos. Pero otra vez les toca hacer respirar a Vito, que como ellos, sigue  pa' adelante. Siempre pa' adelante

 

 


miércoles, 29 de enero de 2025

Sergio Tarquinio: un amigo de la familia Breccia García

 Por Pavla Ochoa

 

Pinta con el corazón, cada línea del rostro de su amigo, que le abrió las puertas de la amistad y su familia.  Recuerda como en esa Italia desgarrante del fascismo, comenzó a escasear el trabajo para la mayoría, pero más complicado fue para los historietistas. No dudo en conectarse con la editorial Abril de Buenos Aires, que determinó su nuevo rumbo; abandonar su tierra y habitar el desarraigo. Todo fue doloroso, pero siempre se dijo a sí mismo; “¡la aventura es la aventura!”.

Por eso cada trazo del rostro que está pintando es importante para él. Porque esa persona fue abierta y sincera, no le interesó nunca averiguar su pasado, su nivel social u orígenes. Alberto y Nelly, son sus hermanos mayores.





 Le gusta tomar el tren de Ituzaingó a Haedo y dejar el tiempo volar.  

Por eso pinta con una sonrisa gigante que atrapa el universo entero.

Ríe al recordar a Enriquito, el sol de los Breccia, subir y bajar de sus brazos y marcharse con besos llenos de chocolate. Le gusta compartir con esas personas tiempo juntos.

Recuerda que apenas se conocieron, Alberto lo hizo socio del "Club Náutico Bouchard " y que iban a navegar en bote, a nadar, pescar, jugar al tenis. Jornadas inolvidables que guarda en su mente y en sus huesos. Esa tranquilidad de sentirse familia, no la encontró con sus colegas que también vinieron Argentina y solo visita los sábados . Quizás porque tIene un largo viaje del oeste del conurbano a la pensión de Acassuso y los Breccia García están a minutos de su casa.

Esa familia, lo sostuvo para no rendirse en esta tierra tan lejana de la suya. Por eso pinta ese retrato, como si se encontrará ahí los recuerdos, los deseos de tomar el mundo por las manos.

Piensa en volverse a su tierra en algún momento y le quiere dejar de regalo ese retrato a su amigo, su familia. Al terminar de pintar firma con un trazo su nombre; Sergio Tarquinio -1949”

Y de la nada, comienza a cantar con lágrimas y risas un tango que le gusta mucho;

 

“Cómo olvidarte viejo amigo, cafetín de Buenos Aires,

 

Si sos lo único en la vida que se pareció a mi madre.

 

En tus mesas milagrosas de sabihondos y suicidas,

 

Yo aprendí filosofía, dados, timbas y la poesía cruel

 

De no pensar más en mí.

 

Me diste en oro un puñado de amigos:

 

Que son los mismos que hoy alientan mis horas”

 

 

 

Fuente; https://www.tebeosfera.com/1/Seccion/RRP/01/Tarquinio.htm

 

martes, 28 de enero de 2025

Los inicios del vinculo Breccia y Nicolás Gibelli de Editorial Codex

 Por Pavla Ochoa


Tiene bronca. La sangre le brota como fiebre. Golpea con fuerza la puerta de la editorial ubicada en la calle Sarandí 328. Tiene ganas de cantarle todas a Nicolás Gibelli, el dueño de Codex. Siente que lo único que tiene es la palabra y si se falta a la misma, nada queda. ¿En que creer, entonces?

Cuando lo llamó por primera vez, ya había e deditado sus primeros dos libros con ilustración de Blotta y a él le había encargado la tapa de una nueva revista que van a llamar Pimpinela y una historieta "El Capitán del Barco" con argumento de Leonardo Wadel. Pero, resulta que la tapa y la aventura a cuadros la está haciendo también; Enrique Vieytes. 



La falta de palabra es lo que más le enoja y no tolera.

 Comienza a gritar hasta que el dueño le abre la puerta de su oficina. Al entrar, le tira en la jeta el dibujo encargado y comienza a insultar con aire de compadrito. Es una locomotora a vapor que lo arrasa todo. Un torbellino de emociones. Da golpes a la mesa y le revolea por los aires la plata que le habían pagado por el trabajo.

-No se lo permito-le dijo humillado en su orgullo de empresario y moral capitalista, Gibelli.

-Si no me lo permite, se levanta y me pega un tortazo- le respondió con palabras pugilísticas, Alberto.

Todo era asfixiante y febril en el lugar. El empresario, no movió un musculo, solo bajó la mirada.

Pipiolo, cerró la puerta con fuerza. Tiene  la certeza de no haberse dejado pisotear. Nunca aguantó el manoseo de quienes se sienten con derecho sobre uno solamente por dar trabajo. No se lo va a permitir a nadie. Nunca.

En esos momentos, era inimaginable que años después, Gibelli lo volvería a llamar para que dibuje una revista para niños llamada; Peter Pan y algunas tapas de libros.



Una noche, al pasar por la casa de Breccia a retirar las ilustraciones, el empresario ve un retrato que le hizo el pintor italiano, Sergio Tarquinio, amigo y compañero de trabajo en Editorial Abril, que adopto como familia . Lo mira un rato y riendo por la fecha de la pintura, le dice a Pipiolo; “Se acuerda cuando tuvimos aquel cambio de palabras”. Sin darle respiro, le encarga una historieta nueva que tendrá como título; “Pancho López”.




De ese mal entendido, surgió un respeto mutuo, Por un lado, Gibelli, le aumento por su cuenta el valor de su trabajo que le permitió empezar la construcción de su casa y ahora iba a poder a volver hacer lo que gusta, dibujo humorístico. Se abría una nueva historieta en la vida de Alberto. Y sabía que había sido resultado de no verse nunca como artista sino como un trabajador.



 Fuente: https://fugahistorietas.blogspot.com/2009/03/conociendo-carlos-trillo-y-juan.html

- https://luisalberto941.wordpress.com/2018/10/14/editorial-codex-el-gigante-olvidado-los-inicios/

- BRECCIA EL VIEJO por JUAN SASTURAIN





martes, 21 de enero de 2025

El Eternauta - Segunda parte (1976-77)

  Por Pavla Ochoa


En 1976 Editorial Record, decidió publicar una nueva aventura de El Eternauta. Para hacerlo, volvió a juntar a la dupla creativa original, a Héctor German Oesterheld y a Francisco Solano López.





En esos años Oesterheld, estaba trabajando para la Editorial Columba. Había llevado la propuesta de publicar en fascículos a El Eternauta. El encargado de materializar la iniciativa fue Antonio Presa.

Así lo recordó el mismo Presa en la entrevista que le realizaron en 2006, Cesar Carrizo y Luis Guaragna; “Oesterheld en ese momento me dice “tengo el Eternauta… ¿Columba lo publicara?” “¿cómo no lo va a publicar?” Yo me conocía el guion del Eternauta desde la primera letra hasta la última. Y lo adapto, lo divido en unidades de capítulos de Columba. Es decir, una unidad que empezaba y se cerraba con cada aventura, digamos, dándole una unidad temática. Porque en el fondo la tenía. Lo presento y me dicen “no. Esto no.” “pero mire que va a ser un éxito colosal” “y no. Pero después que ponemos si va a ser un éxito colosal. Con que lo continuamos” en la última reunión de directorio me dijeron “y si tiene éxito con que lo seguimos”. Me lo rebotaron. Oesterheld agarro todo el material, se lo llevo a Scutti. Al tal Scutti. Scutti lo publico en ediciones completas. Se cansó de vender. Hasta la decimocuarta, la decimoquinta edición”.



A partir del éxito de esa republicación de la primera aventura de El Eternauta en Record. Scutti, decide publicar la segunda parte en plena dictadura. Las condiciones de producción son muy distintas a las de 1957 y 1959, tiempo en el que se desarrolló la historieta, porque en 1976 estaba el Terrorismo de Estado como política estatal y Oesterherld era militante de Montoneros.




En esta nueva historieta, Juan Salvo, pierde algunos rasgos distintivos de la versión de la revista Hora Cero y se viste de un perfil más ideológico revolucionario. Ya no importa su mujer Elena y su hija Martita, sino que el pueblo está sobre todas las cosas.






ENTREVISTA CON SOLANO LOPÉZ


En el 2008, en Moreno, Francisco Solano Lopéz, describió esos años en los que volvió a trabajar con el guionista en plena dictadura eclesiástica cívica militar; “Era una época muy brava, en ese momento la historieta de El Eternauta y sus referencias políticas y sociales que tenía, indudables, pasó desapercibida para los represores, para los Ellos. Era una especie de metáfora de lo que nos estaba pasando a todos. Estuvo disimulada. Lo que ocurre es que Héctor Oesterheld tenía una militancia política, a raíz de que sus propias hijas habían intervenido en la militancia y acción comunitaria, él se plegó a ese movimiento con los jóvenes y estaba en el comité ejecutivo del diario Noticias, donde hacia una tira de ciencia ficción, donde de una manera más explícita hacia jugar a los montoneros contra los represores de forma muy visible”.






-¿Como fue trabajar con Oesterheld en plena sangrienta dictadura?


-En El Eternauta, él trabajaba de forma clandestina. Al guion a veces lo llevaba él en horarios extraños o se acercaban de la editorial, porque cambiaba siempre de domicilio, porque era una persona buscada por los militares. Y yo estaba en una situación delicada, porque estaba en un estudio de Belgrano que era peligroso. Gracias a esta situación que te cuento me parece que pase un poco desapercibido. Llego un momento en que me tuve que ir del país porque mi hijo estaba en la misma situación que Héctor. Fueron años muy duros para mi familia”.




 

-¿Cuál fue su reacción en 1969 al ver la versión de El Eternauta que realizaron juntos Oesterheld y Alberto Breccia?

-Para mí fue muy difícil juzgarlo, porque cuando Héctor y Breccia se juntaron para hacerlo, no estaba en el país sino en España. Estaba recién volviendo, por eso entendí que tuvieran la necesidad de reproducir la historia y lo que ocurre o lo que no había advertido era el cambio político y la nueva vuelta de tuerca que le estaba dando Oesterheld a la historia”.







El Eternauta II realizada en 1976 en plena dictadura es un giro argumental del propio guionista Oesterheld que sería un desaparecido de esos nefastos años (1977) y con un dibujo respetado por parte de Solano Lopez pese a no estar de acuerdo con esta versión a la que el mismo llamó "historieta montonera". 

El 27 de abril de 1977 el guionista fue secuestrado, torturado y asesinado por un grupo de tareas. Compartió cárcel en sus últimos días con Roberto Carri, se cree que fue asesinado en la ciudad de Mercedes a finales de ese año.


Fuente:

- Entrevista realizada por lx autorx a Francisco Solano Lopéz en Moreno- Septiembre de 2008.


https://unmalpensado.blogspot.com/2013/09/entrevista-antonio-presa-2006-cuarta.html



sábado, 28 de diciembre de 2024

El Eternauta y sus dos dibujantes

 Por Pavla Ochoa

Francisco Solano López y Alberto Breccia, fueron los dibujantes que Héctor Germán Oesterheld eligió para que fueran los responsables de darle corporalidad grafica al argumento de una historieta que transciende los tiempos. Una obra que se resignifica a medida que pasan los años y que se convierte en lectura imprescindible para hacerla dialogar con los hechos sucedidos en las últimas décadas en nuestro país.  




En las dos versiones de El Eternauta, encontramos a dos guionistas diferentes. El Oesterheld de 1957 es muy distinto al de 1969. En el argumento que dibujó Francisco Solano López, se alimenta de su formación humanista producto de su vida académica y de su contacto fluido con la literatura. En cambio, en la segunda reescritura, pone en juego su ideología y su adhesión política al peronismo.  El contexto personal y económico también hace la diferencia. En la primera el escritor es dueño de su propia editorial y de su libertad creativa, dispone de su tiempo para ir buscando la historia sin presión exterior. En cambio, en la nueva versión las cosas son diferentes, viene de quebrar su propio negocio editorial, vuelve a trabajar en condición de dependencia patronal y las deudas y parar la olla en su casa, termina siendo una fuerte presión a la hora de escribir.

Ahí reside la diferencia, en las condiciones de producción y en el contexto político social que determina sus rasgos ideológicos en el relato.

 

EL ETERNAUTA DE HORA CERO

Es el propio Oesterheld, en el reportaje publicado en la revista SIETE DÍAS, titulado “Mis 100 personajes y yo” , el encargado de valorar con  profunda honestidad intelectual a la saga que cambió la historieta criolla; “Creo, aunque peque de inmodesto, que fue lo mejor que se hizo en ciencia ficción en la Argentina y porque es una historia que no envejeció; al contrario, es vigente. Yo había trabajado en aquella extraordinaria colección que se llamó MÁS ALLÁ, y que editaba Abril. Desde entonces, me había quedado pensando en un cuento corto que empezaba con unos amigos jugando al truco mientras la ciudad se muere a su alrededor por la acción de una nevada mortífera. La idea era hacer una historia de final rápido, pero tuvo tal éxito que se convirtió en un folletín semanal que duró dos años. La dibujó Solano López, que se lució a lo largo de más de 350 páginas de 12 cuadros cada una, logrando una historieta popular de gran comunicación”.

El trabajo de Solano López se destaca por su carácter realista y de limitar su trazo a la necesidad del relato que propone una idea del héroe muy distinta a la marcada por las lógicas editoriales del momento que sostienen a un “héroe individual” sino que el acento esta puesto en construir al “héroe colectivo” con fuertes rasgos solidarios, humanos.

Una historieta que tiene un final imprevisible, según el propio Oesterheld; “El Eternauta es una historia con un final insólito, me lo han discutido tantas veces. Pero yo les dejo que lo discutan, porque si lo quiero explicar también entraría a discutirlo. Salió como salió, creo que es el final que le correspondía”.

 


Alberto Breccia, en la última entrevista realizada por el documentalista, Cesar Vidal en 1993 en su casa de Haedo, destacó la creación de una historieta que transciende generaciones y fronteras: “Como historieta, argumento, creo que El Eternauta fue lo más original que se ha escrito acá. Teniendo en cuenta los años que han pasado, que la ciencia ficción en aquel entonces no tenían la difusión ni la popularidad que tiene ahora, Héctor Oesterheld fue un precursor”.

 Además, Pipiolo, no dudo en destacar el trabajo de su colega dibujante; “Fue ilustrada magníficamente por Solano López que le dio el clima, es un especialista en climas. Es decir, le dio el clima adecuado, hizo un trabajo muy superior al mío, porque en esos momentos yo estaba en planos de investigación y la revista no me permitió concretar la misma porque la corto sorpresivamente. De manera que El Eternauta es la obra maestra de un maestro”.




 

EL ETERNAUTA DE GENTE

Héctor German Oesterheld, es contundente a la hora de definir la versión que hizo con Breccia: “El Eternauta en Gente fue un fracaso. Y fracasó porque no era para esa revista. Yo era otro. No podía hacer lo mismo. Y Breccia, por su lado, también era otro. Ese Eternauta tenía sus virtudes, pero también sus contras. Por un lado, su mensaje literario. Por otro, su mensaje gráfico”.




La versión de 1969 para revista Gente, fue criticada por su experimentación gráfica y su mensaje ideológico, motivos que llevaron a que fuera levantada bruscamente por la Editorial Atlántida. El escenario político y la enunciación especial de un texto movilizador para el destinatario, son elementos que rodearon a una obra maestra bastardeada por ser publicada en un medio de comunicación no adecuado para esa historieta, que llevo a que sea mutilada en su narrativa, siendo un final caótico, plasmado de extensos textos en sus últimas páginas, que en definitiva aceleraron el relato y la terminaron haciendo confusa e incompresible.



 

 En el año 2008, Francisco Solano López en una actividad realizada en el distrito de Moreno del conurbano bonaerense , pinceló las sensaciones encontradas por la sociedad del narrador de aventuras y el artista en contramano de la industria cultural: “Para mí fue muy difícil juzgarlo, porque cuando Héctor y Breccia se juntaron para hacerlo, no estaba en el país sino en España. Estaba recién volviendo, por eso entendí que tuvieran la necesidad de reproducir la historia y lo que ocurre o lo que no había advertido era el cambio político y la nueva vuelta de tuerca que le estaba dando Oesterheld a la historia”.

  



Sin dudar, Solano remarcó la ruptura de la aventura de sus dos colegas: “Tanto él como Breccia habían sufrido una evolución política que si yo hubiera estado cerca, posiblemente hubiéramos intercambiado ideas y a lo mejor salía algo parecido o no a lo publicado, pero la verdad es que fue una historieta hecha, vamos a decirlo, en complicidad con Breccia”.




La lógica de razonamiento de generar un binarismo enfrentado, un destello de la cultura argentina, puede encapsularnos en la pereza intelectual y obligarnos a entrar a esa lógica de convertir dos polos creativos en opuestos o podemos aceptar que ambas versiones son lectura obligatoria cuando hablamos de ciencia ficción e historieta argentina y sumergirnos en el profundo dibujo de Solano López y Breccia. Y no olvidar que Oesterheld, es una de las 30.000  personas desaparecidas en la última dictadura cívica, eclesiástica y militar en Argentina, victima del "Terrorismo de Estado".