martes, 11 de marzo de 2025

La lección de Quinterno

 Por Pavla Ochoa

Tiene que ir a trabajar y no tiene un cobre.  Ni a quien pedirle un cobre. Agotó todos los recursos.  No puede viajar para ir a llevar las páginas de historietas y algunas ilustraciones. Va al comedor, agarra sin pensar mucho, una radio vieja y la vende para poder ir a cumplir la entrega. Sus sueños, se van desgastando como las suelas de sus zapatos, de tanto andar.

Le va sintiendo mal olor a la cosa, hasta que un buen día, lo llaman de la editorial “Dante Quinterno”.  Lo quieren dentro, pero no para hacer historieta humorística. Lo quieren para que haga una seria para la nueva revista semanal que quieren sacar; “Patoruzito”.

Es el propio Quinterno, quien le da un argumento de una aventura de Jean de La Martinica para que lo dibuje. Se va a la casa, caminando. Y al llegar hace lo mejor que puede. Sufre cada cuadrito, pero en cada trazo, hay honestidad.


Al entregarle las primeras dos páginas, el creador de Patoruzu, las mira con atención. Va a su escritorio y agarra una hoja en blanco y un lápiz. Y le comienza a analizar su trabajo. Le habla de planos, de secuencia, de cómo se construye una página. Lo hace con mucho respeto. En casi dos horas de conversa, le da una lección de cómo es la historieta. Es la primera y única vez, que un señor dibujante le da una gran lección. 



Todo lo que le dice, le sirve para cambiar totalmente su manera de ver la hoja en blanco a la hora de ponerse a dibujar.  Su cabeza se abrió a otra esfera conceptual. Eso se lo debe a Quinterno. Pero, en su corazón tiene el sabor de la derrota.  No tiene nada, solo un nuevo fracaso en su búsqueda de vivir del dibujo.


Todo es cuesta abajo. Viene de romper el vínculo con Laínez por todo lo que significó su historieta para Torino, en la que la firmó como Ernesto Vaggi, para que la editorial no se diera cuenta de estaba rompiendo el acuerdo de exclusividad por su trabajo. No lo logró, se dieron cuenta y se pudrió todo.

Está en el aire, no tiene trabajo.Se hace una pregunta muy para él ¿Es que un hombre que dibuja no puede vivir en el mundo? ¿Necesariamente debe torcer su vocación y alquilar sus músculos?

Está harto. Algo tiene que cambiar de una vez.  Se sienta frente a la hoja en blanco y dibuja, una y otra vez.

 

 

 

 

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