lunes, 11 de diciembre de 2017

Hija de la mishiadura


Por Pabla Ochoa

Lejos de la experimentación de Mort Cinder, El Eternauta o Perramus, esta historieta que cuenta las historias de una niña, fue hecha en su integridad por Alberto Breccia y es el pilar en la carrera de un artista que quiso ser humorista y terminó siendo el dibujante más reconocido mundialmente en el universo de las aventuras a cuadros.

En junio de 1941 apareció en la revista Espinaca “Mariquita Terremoto”. Esta tira cómica tiene como disparador narrativa a una anécdota o situación particular y el cierre de cada aventura la tiene la contestataria niña que vive en una casa humilde con su tío Don Nicola y un par de ratones que circulan sin patentes.

La historieta es un reflejo directo de la mishiadura social de las personas que viven en el Buenos Aires de la más extrema pobreza y no en el que describió Scalabrini Ortiz su novela “El Hombre que está solo y espera”, donde la figura del porteño como sujeto social es la excusa para describir la riquezas de este lado del río que buscaba tener similitudes estructurales con los países europeos. Pero también es la muestra de la peor época económica de Breccia, que pese a las dificultades eligió el duro oficio de dibujar.



En una vieja entrevista realizada por Juan Sasturain, es el mismo Alberto Breccia, quien es el encargado de describir a la niña: “Mariquita Terremoto era una piba traviesa. Se me ocurrió a mí ese chiste. La propuse y les gustó. Era una nena muy traviesa, pecosa, con un gran moño. En aquel entonces todo eran guiones míos, no tenía para pagar a un guionista y no daba repartir un peso entre dos”.
La creación de Breccia, viene a ser un precedente muy primitivo de la niña más reconocida de la historieta argentina. "Venía a ser una anticipación de Mafalda, Periquita y la Pequeña Lulú. Fue una de las primeras historietas con una niña como protagonista”; explicó el dibujante sobre el personaje que le daba nombre a su historieta. Además, destacó a este trabajo como el primero que le brindó acercamiento directo con el lector: “Mariquita Terremoto fue personaje que alcanzó bastante popularidad en su momento, al punto que era común oír aplicar ese nombre a las chiquilinas traviesas”.

BRECCIA Y EL HUMOR

“La influencia del dibujo humorístico norteamericano es muy fuerte; él leía a todos los renovadores de los años 30, porque además era lo que él quería hacer cuando empezó, todo eso le quedó latente durante años”; advierte, Juan Sasturain, para entender el tratamiento gráfico de Mariquita Terremoto. 



En su visita a Moreno en el 2013, Carlos Garaycochea, humorista y amigo del dibujante, apuntó a la observación como característica medular para la caricaturización de hechos de la realidad: “Creo que la tarea de un humorista honesto es dar observación, inteligencia y dar humor que se pueda hacer delante de toda la familia”.

En cambio, el ex ayudante y alumno de Breccia, Horacio Lalia, señaló que el humor y la aventura no van de la mano: “En el humor importa el chiste y el momento, pero es diferente a lo nuestro, dibujantes de revista. Por eso el humor no es como la historieta y lamentablemente no podemos hacer algo combinado. Somos como tribus diferentes”.



Esa asimetría que mencionó Lalia en Breccia nunca existió. Él era oriundo del humor y pese a ingresar al universo del dibujo serio, nunca abandonó la pasión por esa forma gráfica, más sencilla pero a la vez compleja que es el arte de hacer reír. En la entrevista realizada por su colega, Oscar Vázquez Lucio (Siulnas) en 1989, confesó sin tabúes: “Siempre me gustó más el dibujo humorístico que el serio, aún hoy”.


Publicado originalmente en Desalambrar el 06/02/2015



¿Está el pasado tan muerto como creemos? (Segunda parte)


Por Pabla Ochoa 

La resolución a la cara del hombre que regresa de la muerte, por parte de Breccia, fue colocarle la de su ayudante de esos años. 

Horacio Lalia, el dibujante que reside actualmente en Ramos Mejía, recordó esa situación en particular: “Como estaba en permanente conmigo, empezó a ver mi cara a la que estaba acostumbrado a dibujarla y la torturò para que sea la de un tipo de 40 años que venía de la muerte. Tenía la mitad de la edad del personaje creado por Oesterheld, por eso nunca imaginé que iba a quedar definitivamente mi rostro. Breccia nunca me comentó o me pidió permiso para usar mis rasgos, simplemente sucedió”. Además, Lalia agregó sobre la inmortalidad de su rostro: “Cuando le preguntaron a él dijo, "de alguna forma es la cara de Horacio, pero lo que pasa es que sale un poco como Sherlock Time que es la idea de cara de lata, pero de cierta forma es la de Lalia. La verdad que si observan una fotografía mía de esa época, los perfiles de ambos son iguales solo que más sufrido y con ojeras”.

En su época de ayudante de Breccia ¿realizó algún dibujo para la serie Mort Cinder?

No, él era muy cuidadoso con su trabajo En esos años arreglaba historietas antiguas y le posaba para el personaje Tiempo después le empecé hacer algunos fondos, le hacia algunos grises, pero no intervenía en su trabajo.

El año 1962 fue muy particular para Breccia y Oesterheld ¿cómo observó usted esos días oscuros de los dos autores?

Lo que viví en profundidad fue la enfermedad de Neli que estaba muy mal. Ella se acercaba al estudio y él era una persona concentrada con su trabajo, tenía problemas con los médicos porque a veces me contaba los problemas de salud de su compañera, eran días muy duros pero la verdad que yo era muy pibe, sabía que ambos estaban corriendo de un lado para el otro para revertir esa situación de pobreza, pero la verdad que no estaba muy informado de lo que le sucedía a ambos Además, ellos eran muy reservados con sus vidas, se ponían una especia de coraza y trabajaban sin decir nada.

Sin alejarnos de Mort Cinder, pero ingresando en su vínculo laboral directo con Breccia, en la entrevista realizada por Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno, el dibujante mencionó que solo tenía ayudantes para que le cebaran mates y que le posaran, ¿aceptó usted esa declaración o le molestó?

Alberto era de decir esas cosas, en realidad mi trabajo consistía en hacer el archivo aparte de cebarle mate o de posarle en algún momento. Hice algunos fondos de retícula como el capítulo de la prisión de Mort, pero él era muy meticuloso para que le tocaran su trabajo. Realmente no le gustaba que le metieran mano en sus dibujos, pero la verdad no me tenía solamente para cebar mate como dijo en esa ocasión.



ENTRE PENAS Y GLORIAS

La obra estaba tan adelantada a sus tiempos, que a los lectores y a los propios editores le costaba adaptarse o entenderla en toda su magnitud. En Argentina no llegó a tener un éxito comercial y en España no lograba gustar. Irma Dariozzi, segunda esposa de Breccia, graficó ese contrato de lectura de los autores con sus lectores: “Mort Cinder no vendía, la gente no comprendía esa historieta que era distinta a las del estilo clásico de aventuras. Había muchas cosas ahí, motivo que la convertía en una revista que no interesaba, se ondulaban en los kioscos por el viento y el frio quedando bastantes arruinadas porque no las compraban. Tengo dos de esos ejemplares, uno que compré y otro que me regaló Alberto, ahora son piezas de colección de alto valor económico, es parte de las rarezas que tiene la vida”.

Fue el mismo dibujante quien recordó esa dificultad, en una conversación realizada en Francia en 1992, por su representante Latino Imparato: “Mort Cinder fue difícil en sus comienzos. Cuando el editor argentino mostraba en Europa la revista donde se publicaba Mort Cinder, cortaba páginas de éste y mostraba el resto. Años más tarde este dibujo se transformó en un clásico y en un éxito comercial: por otra parte, mi único éxito comercial”.

Mort Cinder le abrió la puerta al viejo continente, pero no se quedó atrapado en esa gloriosa formula gráfica, sino que se reinventó todo el tiempo. Eso lo distingue del resto de los dibujantes. Pese a este mérito primordial, el obrero del lápiz no repitió la fórmula comercial que había tenido aceptación de la industria cultural y esa fue la virtud de su trabajo después del después: “Si hubiera continuado dibujando a Mort Cinder, en lugar de hacer 200 páginas hubiera hecho 1000, hubiera alcanzado la perfección absoluta para inmediatamente iniciar la caída. Luego de la cima está el descenso; no se puede estar siempre en la cima, porque la vista de debilita, la fatiga comienza a hacerse sentir, uno se aburre haciendo siempre las mismas cosas. La mayoría de los dibujantes se detienen en el momento en que han alcanzado el éxito, se instalan confortablemente y no tienen más deseos de moverse. Hay que saber arriesgar todos los días su propio éxito”.

Solo dos años duraron esas historias que sin pretenderlo por parte de los autores se convirtió en una totalidad. En 1975, se anunciaba la posibilidad de un nuevo capítulo ambientado en el lejano viejo oeste, un western, titulado “ Diligencia a cuchillo”, para INFORMACIÓN, una revista de los mismos editores de CRISIS, pero el anunció no prosperó para materializar esa idea de Oesterheld que fascinó a Breccia en primera instancia.

Mort Cinder es una obra revolucionaria absoluta. La historieta que empieza con un ambiente gótico y después se traslada a distintas circunstancias de la historia universal, muestra lo increíble que es el dibujante, ya que en cada una de las diez aventuras publicadas entre 1962 y 1964 utiliza distintos recursos gráficos de acuerdo al contenido. Alberto Breccia fue una avalancha de paisajes y zonas desconocidas que demandan aún hoy la atención permanente. La diversidad artística de sus obras deben ser leídas como una pieza única y no como piezas sueltas. Su trazo fue un amplio abanico de expresión de sus ideas que permanecen vigentes en la actualidad.

Publicado originalmente en Desalambrar 10/10/2014

¿Está el pasado tan muerto como creemos? (Primera parte)


Por Pabla Ochoa

La aparición de “Mort Cinder” de Alberto Breccia y Héctor Germán Oesterheld, representó algo más que una bocanada de aire fresco. Fue la definitiva imposición de un estilo inédito en el género de historieta. Esa nueva mirada en el hacer, se basó principalmente en la búsqueda de recursos técnicos y herramientas de trabajo, inusuales en el oficio de dibujante. El trazo experimental de Breccia se encargó de generar nuevos paradigmas artísticos que en la actualidad no han sido superados, más allá de los avances tecnológicos.
Una verdad poética recorrió desde el primer cuadro de esta historieta publicada originalmente en agosto de 1962 para la revista “Súper Misterix” y apuntaló su carrera en la idea de no copiarse a sí mismo, sino que se regía por un lema implícito: “Voy hacia lo que no empezó”. El buscador de nuevas formas de decir sus propias ideas visiones del mundo real, transformó su vida con su única arma, el dibujo. La idea principal de Oesterheld, fue volver a recuperar la idea del náufrago del tiempo que había experimentado junto al dibujante Francisco Solano López con “El Eternauta”. El guionista le propuso la labor en conjunto a Breccia, con quien había trabajado en “Scherlock Time”.




POBREZA EXTREMA

Eran tiempos duros para ambos, Oesterheld venia de cerrar su editorial “Frontera” por problemas económicos y afrontaba muchas deudas, por eso no dudo en volver a trabajar bajo dependencia para la segunda etapa de la mística revista Misterix, de la Editorial Yago, mientras Breccia, afrontaba la enfermedad terminal de su esposa, una afección renal, teniendo que firmar un certificado de pobreza para poder afrontar el momento de mishiadura que estaba afrontando junto a su familia.


Las deudas era moneda frecuente en la vida del guionista y dibujante. El mismo Oesterheld, comentó sobre la coyuntura estructural que rodeó la producción de esa historieta: “Fue hecho en una época mía muy jodida, habían sonado las revistas. Frontera había reventado y yo trabajaba para la empresa que hacía VEA Y LEA que hasta entonces había continuado sacando por un tiempo HORA CERO y FRONTERA. El trabajo de Mort Cinder lo tomé por unos mangos que me dieron, me daban muy poco. Aunque me hubieran dado la mitad agarraba igual”. Por el lado del dibujante las cosas no eran muy distintas. En la entrevista realizada en 1973 para la revista española Bang!, Breccia, señaló: “En ese periodo mi esposa enfermó muy grave, se le hizo un trasplante de riñón y al final murió. Esto me hundió en todos los sentidos, moral y económicamente. Entonces dejé la historieta, cuando ya había dibujado 206 páginas de “Mort Cinder”, porque mientras lo estaba haciendo yo tenía que ir a los institutos de fabricantes de remedios y pedir medicamentos con certificado de indigencia, porque yo ganaba entonces 4.500 pesos a la semana y mi mujer necesitaba 5.000 pesos diarios de remedios”.

Las deudas los seguían todo el tiempo, y las panzas hambrientas de sus hijos, fueron el motor de esa obra maestra a nivel mundial que fue Mort Cinder.

El hambre era la escena principal en la vida de la familia del dibujante. Su hija, Cristina Breccia, recordó a Desalambrar, esos años de acreedores que lo instigaban a pagar deudas: “El acreedor que hipotecó tres veces nuestra casa se llamaba Bastaroli y debo rescatar que no la remató porque tenía buenas intenciones con mi viejo. Muchas veces yo misma tenía que decirle que no teníamos plata, era una situación horrible. Pasábamos muchos días sin comer y el dolor era como un calambre que te tuerce en dos, eso es el hambre. A dos meses de la muerte de mi mamá, bajé diez kilos y él tenía una angustia infernal, por suerte nos ayudaron los vecinos que cuando se dieron cuenta nos daban de comer. Mi viejo se forzó para salir de ese pozo anímico y económico, por nosotros, su familia. Por eso mi padre fue el mejor de los padres”.





 DESDE LAS ENTRAÑAS

Las aventuras del inmortal testigo de los tiempos, un personaje que muere una y otra vez y naufraga por la historia universal, le gustó de entrada a Breccia que venía haciendo changas, laburos minúsculos. Luego de una reunión con el guionista, el dibujante se enfrentó al primer obstáculo. En la entrevista realizada para la revista HGO en 1987, Breccia puntualizó en el pedido especial que le hizo al guionista: “Cuando Héctor me dio el argumento empecé a buscarle el punto justo, que a los dos nos conformara. Por lo que hubo varias idas y vueltas con el asunto del guión. Luego empecé a buscar la cara del protagonista. Practicaba rostros pero ninguno me convencía. Le pido por lo tanto a Héctor que retrase la aparición de Mort Cinder. Mientras tanto, dibujo su propio rostro, a los que les sumo varios años de más, para que sea la cara visible del anticuario Ezra Winston, que fue protagonista de la primera aventura y luego la pareja perfecta para el inmortal: "Quería entrar en escena con el papel de Ezra Winston, el “narrador”. Me miré en un espejo y traté de imaginar el rostro que podría tener cuando fuera viejo. Imagínese que me divertía en imaginar a mis hijas pequeñitas cuando fueron señoritas y fueron exactamente como las imaginé”.

Luego de 28 páginas, apareció desde una lápida en el cementerio, una sombra de un rostro que dijo; ¡Soy Mort Cinder!


Es evidente al leer esta historieta, que se hizo paso a paso, con sudor y sangre y con la necesidad urgente de salir de la pobreza extrema a la que sus creadores estaban sometidos. No hace falta tener herramientas teóricas o semióticas para llegar a esa conclusión. Oesterheld, fue preciso al remarcar que en este argumento puso la experiencia adquirida en esos tiempos donde en su editorial, escribía todos los guiones de los personajes: “Empecé la tira a fuerza de oficio, acumulando golpes de efecto y tratando de hilvanar una historia que fue creciendo un poco al hacerla. Yo no tenía tiempo- por todas las cosas que hacia- a detenerme una tarde a pensarla un poco (…) Las deficiencias, las indefiniciones de Mort Cinder salen de ahí. La indefinición que tiene la pintan como un acierto. Sería mentir si yo dijera que es un acierto. En realidad es una hija de las circunstancias”. El guionista también mencionó que la obra que tiene como eje a la muerte y los viajes por el tiempo tiene como componentes muchas de las cosas que le pasaban a él y al dibujante: “Mort Cinder es la muerte que no termina de serlo. Un héroe que muere y resucita. En Mort Cinder hay angustia, hay tortura. Respondía quizás a un particular momento mío, pero mucho de ese clima lo determinó Breccia, mucho más torturado que yo. El dibujo de Breccia tiene una cuarta dimensión de sugestión que lo aparta de los demás dibujos que conozco, esa sugestión inacabable lo valoriza y suscita ideas en el guionista”.

En ese argumento el dibujante experimentó con el martillo al pincel, la gillete a la pluma y utilizó recursos técnicos innovadores que le permitieron construir una distancia respecto de la elite artística. Todo servía para comunicar y Breccia usó todo a su alcance para cumplir esa misión de transmitir la idea inicial de Oesterheld, así lo explicó en el documental Maestros del Cómic: “Es muy frecuente caer en la trampa de no considerar al blanco como color porque el papel es blanco, entonces generalmente se utiliza el negro, es decir, se dibuja con negro y al blanco no se lo tiene en cuenta porque es papel, pero si yo hago mi historieta en blanco y negro sobre papel verde, estoy obligado a usar al blanco como color, con los mismos valores con los que utilizo al negro. Es una cosa muy tonta, pero tiene una enorme importancia. Y en Mort Cinder había estudios muy profundos de iluminación, con lámparas, con velas, yo estudiaba con mucho cuidado la iluminación, buscando efectos que me importaban y utilizando en aquel entonces, las hojas de afeitar parar trabajar en lugar de la pluma o del pincel, por eso casi todas las líneas de esa obra están hechas con ese elemento con los que se logra efectos muy lindos, porque también puede ser usada como espátula, le da mucha frescura al trabajo, mucha soltura y rigor. He usado hasta manubrios de bicicleta para dibujar, lo cual puede parecer exótico pero lo hice. Todo es utilizable, porque si yo necesito hacer una historieta donde tengo que lograr un efecto especial y para eso necesito dibujar con un martillo, lo voy a hacer, no tengo porque dibujar con la pluma que establece la biblia del dibujo .Yo voy a buscar la herramienta que me haga falta y todo es posible hacer y todo es válido”.

Según el escritor e historiador de la historieta de las viñetas nacionales, Guillermo Saccomanno en el prólogo de esta obra publicada en la colección Biblioteca Clarín de la historieta, el rasgo principal de esta obra es estar adelantada a sus tiempos: “Así como a Oesterheld le entusiasmaba la literatura y a Breccia la experimentación plástica, a sus colegas les interesaba seguir los standards. Oesterheld y Breccia tenían conciencia de su trabajo y eran una élite. Digámoslo, una vanguardia. Esta situación, creo, explica mejor por qué hoy siguen vigentes mientras que a sus contemporáneos le tocó la suerte de la añoranza naive”. Además, Saccomanno profundizó sobre el contexto histórico donde fue desarrollada esta historieta: “Si se contextualiza la obra se notará que el suyo es un tiempo de presagios sociales dramáticos. La inestabilidad democrática, el peronismo proscripto, los sucesivos cuartelazos, el retroceso de las conquistas gremiales y los planes de lucha obrera son datos que hay que tener en cuenta”.
Evidentemente, el entorno social y político del país y las precarias condiciones económicas de los autores, son elementos a tener en cuenta a la hora de leer esta obra de vanguardia, insuperable pese al paso de los años.


Publicado originalmente en Desalambrar 10/10/2014

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Tinta en la sangre



Por Pabla Ochoa 


Alberto Breccia nació en Uruguay en 1919, vivió su infancia en Buenos Aires donde murió el 10 de noviembre de 1993, paradójicamente el día del dibujante.

Breccia fue un artista que se atrevió a navegar en el mar profundo de la experimentación. Con vientos fuertes y profundas tormentas, siempre tuvo un horizonte claro y conciso que se convirtió en la brújula que guió su transitar en el trabajo gráfico. Buscador indomable del relato, no se detuvo en una sola fórmula enunciativa que sea políticamente correcta para la industria, sino que descubrió distintas formas retóricas en su obra, desafiando a editores, colegas y a su propio lector.

Siempre se consideró un trabajador y no un artista privilegiado de la aristocracia cultural. Las primeras historietas que ilustró y escribió fueron denominadas por el mismo Breccia como “trabajos para pucherear”.



El cambio en su estilo se efectúa cuando Héctor Germán Oesterheld le ofrece hacer Sherlock Time, ambos generan un lenguaje renovador para la historieta. El artista plástico, Carlos Nine, puntualizó ese cambio gráfico del dibujante; “Yo fui muy impactado por "Sherlock Time. Fue una lectura de la adolescencia y esas experiencias son imborrables. No podía creer que fuera el mismo dibujante que hacía "Vito Nervio" meses atrás, pensé que se había vuelto loco”.


OBRA MAESTRA

En 1962, ambos realizan Mort Cinder y con el tiempo se convierte en una obra importante a nivel mundial. En ese argumento el dibujante experimentó con el martillo al pincel, la gillette a la pluma y con la utilización de recursos técnicos innovadores que le permitieron construir una distancia respecto de la élite artística.

Irma Dariozzi de Breccia, compañera de la vida del dibujante, describió un elemento fundamental entre la relación del lector y esa gráfica precursora para la época: “Mort Cinder no vendía, la gente no comprendía a esa historieta que era distinta a las del estilo clásico de aventuras. Había muchas cosas ahí, motivo que la convertía en una revista que no interesaba, se ondulaban en los kioscos por el viento y el frío quedando bastantes arruinadas porque no las compraban. Tengo dos ejemplares, uno que compré y otro que me lo regalo Alberto, ahora son piezas de colección de alto valor económico, es parte de las rarezas que tiene la vida”.



 El rostro del personaje central es el rostro del ayudante que tenía en esos momentos, Horacio Lalia. El dibujante que reside actualmente en Ramos Mejia, recordó esa situación en particular: "Como estaba permanentemente conmigo, empezó a ver mi cara a la que estaba acostumbrado a dibujarla y la torturó para que sea la de un tipo de 40 años que venía de la muerte. Tenía la mitad de la edad del personaje creado por Oesterheld, por eso nunca imaginé que iba a quedar definitivamente mi rostro. Nunca me comentó o me pidió permiso para usar mis rasgos, simplemente sucedió”.



HISTORIETA Y POLÍTICA

La biografía del revolucionario Ernesto “Che” Guevara que ilustró junto a su hijo Enrique en 1968, recibió como contrapartida de la expresión del sector de la oligarquía, una editorial por parte del diario La Nación que defenestró la obra. Además, el gobierno de facto de Onganía, quemó los originales y secuestró las revistas. Breccia, enterró en el jardín de su casa de Haedo un ejemplar, siendo actualmente el que posibilita su reimpresión en el mundo.


En distintas entrevistas, Enrique Breccia comentó la diferencia ideológica con su padre en relación a la figura del Che: “Mi primer contacto con el mundo del cómic fue una propuesta que nos hizo a mi padre y a mí Héctor Oesterheld sobre la vida del Che Guevara, con guiones por separado, de forma deliberada, porque la visión que teníamos del mismo personaje mi padre y yo era completamente diferente. Mi padre era un admirador ferviente del Che Guevara y yo, por mi militancia política de aquél entonces, tenía una diferente. De todas maneras, me atraía el personaje. Así que cada uno dibujó el cómic en su casa e hicimos un pacto de no vernos durante el mes y medio que duró el proceso creativo”.

En mayo de 1969, la revista GENTE de Editorial Atlántida publicó una nueva versión de El Eternauta que lo tuvo como dibujante de ese argumento de ciencia ficción publicado originalmente en 1957. La experimentación gráfica fue criticada por los lectores y desde una editorial específica GENTE pidió disculpas por ese cómic llena de connotaciones políticas.


 En referencia a la historieta dibujada por él mismo, Francisco Solano López, en una actividad realizada en Moreno a fines del año 2008, pinceló las sensaciones encontradas por la sociedad entre el narrador de aventuras y el artista en contramano de la industria cultural: “Para mí fue muy difícil juzgar esa obra, porque no estaba en el país en ese momento sino en España, por eso entendí que tuvieran la necesidad de reproducir la historia. Lo que no había advertido era el cambio político y la nueva vuelta de tuerca que le estaba dando Oesterheld a la historia. Tanto él como el dibujante habían sufrido una evolución política que si yo hubiera estado cerca, posiblemente hubiéramos intercambiado ideas y a lo mejor salía algo parecido o no a lo publicado, pero la verdad es que fue una historieta hecha en complicidad con Breccia”.

Su hija Patricia Breccia, explicó la postura política por parte de su padre: “Él se consideraba un hombre de izquierda, pero no de las izquierdas conocidas, tenía una manera justa, sabia y sensible de considerar la vida y la vida de los demás. No toleraba los totalitarismos de unos ni de otros. Era un tipo amplio, democrático, siempre de lado del que menos tenía, con una enorme empatía por todos y hacia todos”.

En la misma sintonía de pensamiento, Nine se refirió al respecto: ”Breccia se comprometió ideológicamente, aunque no políticamente. Esta diferencia es sustancial. Creía en determinadas ideas. Por ejemplo considerar a los dibujantes como trabajadores, no como aristócratas. Sentía que los partidos políticos con los que tuvo que convivir en su época no lo representaban. Es lo mismo que siente mucha gente hoy”.


Breccia fue una avalancha de paisajes y zonas desconocidas que demandan aún hoy la atención permanente. La diversidad artística de sus obras debe ser leída como una pieza única y no como piezas sueltas. Su trazo fue un amplio abanico de expresión de sus ideas que permanece vigente en estos tiempos modernos.