miércoles, 17 de enero de 2018

La furia del libro

Por Pabla Ochoa


Son tardes de alto calor, pero no puede dejar de observar las gesticulaciones de su rostro. Cada respiración del texto es aire fresco que brota de su voz. Desentierra su pequeño corazón depenas y se deja atrapar por lo que tiene en sus manos su hermana Amalia. Los jóvenes Breccia son felices. En la casa no hay una biblioteca, pero eso no impide que lleguen a la lectura. Juegan sin tiempo, con la espada que es de hierro, el lenguaje escrito. Los cuentos de magos y de brujas son suficientes para insertarse en la aventura como propuesta para viajar por rumbos inciertos, que los seducen.
Patricia Breccia sintetizó uno de los momentos más significativos de esos años en la República del Músculo por parte de su progenitor: “Mi viejo siempre hablaba de cuando, con mi tía, se iban al fondo del enorme patio de su casa (casi una selva tropical) para leer, entre plantas y animales, la colección de los libros de Calleja”.
 
Le fascina contar a quien aparezca enfrente cómo la literatura de piratas y casos policiales a resolver son el pilar fundamental de su construcción como lector.

Una tarde, en una esquina, olfateó una oportunidad irrepetible. Única. Los muchachos, la mayoría amigos de andanzas, habían iniciado un canje de libros. Tesoros, posesiones preciosas a las que dejaban ir por nuevos objetos de placer. En ese momento, la idea de Darwin que explica que la repetición de un acto crea un hábito y el hábito se convierteen instinto y así evolucionan las especies,hizo efecto en Tito, en su evolución como sujeto ilustrado. El instinto se le despertó sin anuncio alguno. En el tumulto convocado al costado de los adoquines, escucha las ofertas y las duras negociaciones entre los jóvenes agrupados. De reojo, advierte en el piso de la vereda un libro que contiene las obras de Edgar Allan Poe. No sabe bien quién es el autor y de qué tratan esas historias. En las primeras páginas se tropieza con un prólogo de Baudelaire. La musicalidad sonora de ese apellido le llama la atención. Echa un vistazo relámpago y siente que ese texto es importante. No lo sabe con certeza, pero cree distinguir virtudes propias en esa edición impresa. Tiene miedo que los presentes se den cuenta de las cualidades de ese diamante de papel. Transpira de sólo pensar esa posibilidad. Quiere cambiar ese ejemplar por cinco de Sexton Blake. Lo miran como a alguien que les abre la puerta para que lo estafen. Creen que está loco. Los desorienta la convicción en sus ojos. Nadie emite sonido. Él aprovecha el vacío y repite la solicitud: “Mis cinco libros de Sexton Blake por Poe”. Sus palabras afiladas ganan la batalla. No sabe con exactitud lo que adquirió. Pero el instinto que guió su acción no será la única vez que se le presente en su caminar por las letras.


A los diecisiete años lee todo lo que produce la revista Claridad, pertenecienteal grupo de intelectuales conocido como “Boedo”, que se preocupa por una literatura social, en contraposición a la del grupo de “Florida”, que en su revista Martín Fierro se ocupa principalmente por la cuestión estética de la literatura: “Leíamos los libros de Claridad porque eran los únicos libros que podíamos comprar. Éramos un grupo de muchachos ignorantes, todos. Con ansias de salir del pozo5”.Esos autores son los socios perfectos para el encuentro con personajes que son hijos de la realidad que lo rodea. Se conmueve con las almas de la ciudad. Le gusta la biblioteca de la calle. Se reconoce en ella porque él es parte de la misma. Una tarde se asombra de un articulo que critica un dibujo publicado en “ Martín Fierro”. Se queda atónito con la observación intelectual: “A la Borjes no lo admitirían ni al concurso para niños de Caras y Caretas. Lo que no es un obstáculo para que un asno erudito escriba un articulejo o lo que sea”.La incertidumbre lo atrapa todo. De repente quiere saber quién es ese “Borjes”.La respuesta llega a sus manos en el suplemento cultural del diario “Critica”, que dirigía Jorge Luis Borges. Siente que hay un vinculo que los une más allá de las diferencias ideológicas que puedan existir. Siente que en su escritura están sus temores, sus soledades, y no deja de leer todos los días la producción del escritor. En cada ocasión que lo entrevistan, ya como profesional del dibujo, habla de esa relación carnal con la obra del creador de El Aleph: “Me interesan los relatos de Borges en los que está presente el mundo orillero, con sus malevos y sus duelos a cuchillos. Un mundo que yo conozco bien porque vi duelos de chico, en Mataderos, donde pasé toda mi infancia y mi juventud (...) Sigo leyendo a Borges como si fuera la primera vez. Todos los días lo leo un poco6”. Esa cercanía al universo del escritor crecerá con el paso del tiempo hasta ser parte de su propia obra.

En esos tiempos de flamante lector, Tito se bautizó así mismo como un activo comprador compulsivo de libros y revistas, con pocos centavos, impulsado porel fuerte afán a la lectura. En los años por venir visitó la Plaza Lavalle y el Parque Rivadavia y compró colecciones completas de viejos libros que no terminó de leer nunca, pero que fueron parte de su biblioteca personal. Su nieto, Mariano Buscaglia, remarcó ese amor por lo antiguo como una herencia forjada en la relación fraternal que tuvo con su abuelo: “Él era un amante de los libros viejos y esa pasión me la transmitió desde muy chiquito. Me crió y me adiestró para coleccionarlos, esa fue una de las enseñanzas más fuertes que me transmitió mi abuelo y que aún hoy perdura en mí todo el tiempo. Salgo a buscar libros viejos porque él me lo enseñó y es algo a lo que le estoy eternamente agradecido”.

Alberto entendió la importancia de los libros, a los que señaló como pilar primordial paralos que menos tienen económicamente, como una instancia para poder estar en igualdad de condiciones intelectualmente con los que tienen un bienestar. Desde los siete años de edad fue preso de la furia y la dulzura de un libro:”Para mí el placer máximo es una librería, más que ir al cine o ir al teatro. No, a mí me interesan los libros. Es lo que más me gusta”. Elpensamiento crítico y la pasión política en su juventud fue fruto de esos textos a los que exploró y que eran fuego en sus manos, una primordial herramienta para cambiar esa opresión dictatorialde la denominada década infame y a la que él supo utilizar para poder describir el mundo y tratar de transformarlo.




5              Sasturain, Juan, Breccia, El viejo. Conversaciones con Juan Sasturain, Buenos Aires, Ediciones Colihue, diciembre de 2013




6              Breccia, Alberto; “Borges & Breccia”;Archivos Negros, Editorial Doedytores,Buenos Aires, 1994.

Breccia por Breccia

 Por Pabla Ochoa


En el 2013, Patricia Breccia, accedió a una entrevista realizada por mail para hablar sobre su padre; Alberto Breccia.

 A continuación compartimos las  preguntas y respuestas breccianas.



Ilustraciòn de Patricia Breccia publicado originalmente en http://salvajeando.blogspot.com.ar/2014/11/alberto-breccia-mi-padre.html



 ENTREVISTA A PATRICIA BRECCIA

-En el articulo de Laura Vázquez  publicado en la revista Fierro número 72 del mes de octubre de 2011 (luego editado en su libro “Fuera de cuadro”) la periodista señala: “ Más de una vez pensé en sus hijos dibujantes que tuvieron padre acaso dos veces”. Lo que me lleva a preguntar ¿Cómo era Alberto como papá? ¿Qué recuerdos tiene de él y su mamá?

-Mi padre fue el mejor de los padres. El mas amoroso, el que nos guiaba siempre. De mi madre recuerdo poco, ya que cuando yo nací, ella ya estaba enferma. Pero si me acuerdo de las noches de invierno, todos sentados al lado de una gran chimenea, mi viejo asando batatas en el fuego, y mi vieja tejiéndonos a mi hermana y a mi, ropita de lana para las muñecas. Casi una postal. La mejor de todas.

-¿Qué anécdotas contaba Alberto de su niñez y juventud  en Mataderos?

-Bueno, ha contado mucho a través de los años. El tuvo una infancia y una adolescencia feliz, si bien tuvo que trabajar desde muy chico, creo que sus mejores momentos los pasó en el mataderos de su infancia…Siempre hablaba de cuando, con mi tía, se iban al fondo del enorme patio de su casa (casi una selva trópica) para leer, entre plantas y animales, la colección de los libros de Calleja….

-En los Mitos de Cthulhu tu papá le dedicó esa obra a tu abuelo: “A mi padre a quien todo lo debo” ¿Qué  mencionaba de tus abuelos? ¿Qué relación tenía con ellos?


-Él se llevaba muy bien con sus padres. Los quería mucho. Mi viejo fue un buen hijo. Cariñoso, y atento a las necesidades de mis abuelos.

-¿Cómo fue tu niñez en tu casa de Haedo donde constantemente había visitas de personas del ambiente artístico?


-La recuerdo como una infancia feliz, llena de aventuras…Haedo era como una ficción, una historieta, o un cuento de Bradbury.Siempre ocurrían cosas mágicas, entre ellas, las visitas de personajes maravillosos.

-Todo lo que rodeo Mort Cinder fue difícil para Alberto, según él mismo declaró en la entrevista realizada por Antonio Martín, Carlos Giménez y Luis García en mayo de 1973 para Bang ¿Percibían la situación económica que atravesaba tu papá? ¿Cómo vivieron con tus hermanos ese momento en que él  dejo de dibujar?

-Claro que la percibíamos. De hecho, la sufrimos todos. Hubo épocas en que no teníamos ni para comer (literalmente) muchas veces yo iba al colegio si haber probado un bocado…Por eso mi viejo se hartó de una profesión que no le daba ni para pagar los remedios de mi madre. Estaba endeudado, y tenía que sostener tres hijos chicos el solo. Largó todo y se asoció con otra gente para armar un instituto de arte. I.D.A   El mismo que sacó a generaciones de dibujantes. Un referente de la cultura de esos años, junto con el Di Tella.

 -La constante búsqueda de formas de expresar hizo que las editoriales argentinas no editaran su trabajo, lo contrario a lo que sucedía en Europa ¿Cómo vivían esa convicción ideológica de tu papá de no transar con la industria?

-Bueno, de manera natural. Nosotros, siendo chicos, lo acompañábamos en sus decisiones, porque era lo que siempre habíamos escuchado, mamado, fue la educación que nos dio. Una escala de valores inalterable. No traicionarse jamás.


-¿Qué pensaste en su momento de la obra de La Vida del Che, trabajo en conjunto con tu hermano? ¿Cómo viviste la censura de la dictadura de Ongania y las amenazas de bomba?


-Bueno, yo era chica en la época de Onganía, y cuando dibujaron el Che. Lo viví mal, tuvimos que irnos de mi casa, exiliarnos por varios meses, y lo que recuerdo, fue verlos a mi viejo y mi hermano, quemando libros y dibujos del Che, en el fondo del jardín de mi casa, para borrar toda evidencia que nos pudiera poner en peligro. Fueron épocas espantosas. (pero eso ya fue en la época del proceso) después de haber recibido varias amenazas y antes de la visita de gente de los servicios de Inteligencia.


-Alberto declaró haber quemado los originales de Vito Nervio en el jardín de tu casa de Haedo. En un intercambio por mail, Carlos Nine me dijo al respecto: “Él era muy dramático, muy teatral, tiraba esos datos impresionantes que vos decís “¡A la mierda!” Pero anda a saber si lo hizo. Por ahí no lo hizo… ojala no lo haya hecho”. ¿Viviste ese momento? ¿Tu papá te dijo algo al respecto? ¿En  que época paso lo de la quema?

-No, Carlos, creo que se confunde. Es lo que cuento mas arriba. Tuvo que quemar esos libros, pero por un tema de seguridad. Nunca quemo ‘ningún original. Al contario, mi viejo fue un gran defensor de los originales, y siempre obligo a los editores a que se los devolvieran. Decía: los originales es lo único que tiene el dibujante” Siempre tienen que volver a el. Y eso fue los que nos enseñó. Nosotros siempre exigimos los originales a los editores. Yo conservo absolutamente todo.

-Tu hermano Enrique en una nota publicada en la revista Comiqueando número 43 de enero del 2000 ante la pregunta de que si él deseaba querer ser dibujante como tu papá respondió; “No, porque yo no lo veía dibujar a mi viejo, la primera vez que lo vi dibujar yo tenía 19 años. Él tenía un estudio afuera, se iba a la mañana volvía de noche y yo no lo vi dibujar nunca. Ni siquiera leía sus trabajos porque él no lo permitía que entraran revistas de historietas en casa” 


-Esto que dijo mi hermano, lamentablemente, no es verdad. Mi viejo siempre tuvo el estudio en Haedo, en nuestra propia casa. Por lo tanto, lo vio dibujar  ami viejo desde que nació, como nosotras. Lo de las historietas, también es una gran mentira. Siempre había revistas de historietas en mi casa, estaba llena. Yo me crie leyendo revistas de historietas...imagínate. Revistas nacionales y extranjeras. Linus, Charlie, Patoruzito, Hora cero, etc. De todo y para elegir. En mi casa había solamente una habitación, la Hemeroteca dedicada a revistas que mi padre traía de Europa cuando viajaba, las que le enviaba, y las nacionales. No puedo comprender porque Enrique declaró esto, ya que está faltando a la verdad. Cualquiera que conocía mi viejo y mi casa de Haedo, sabe que mi viejo trabajaba en su estudio, de la mañana a la noche, y todos los dias de su vida, hasta que se murió. También daba clases en su estudio. Supongo que mi hermano “vivió en otra casa en esa época”, porque está contando una realidad que solo existió en su imaginación…

-¿Qué viviste vos en tu niñez  a diferencia de tu hermano?

-Yo creo que los tres vivimos cosas diferentes, diferentes edades, diferentes maneras de vivenciar la niñez….aunque con el mismo padre. Yo fui ‘la más pegada a mi padre, y el a mi. Éramos muy compinches. Yo adoraba estar con el, acompañarlo, mirarlo dibujar, cebarle mate.

-Mencionaste a Christian Fellinger que muchas veces a vos y a tu hermana Cristina Alberto las hacía posar como modelo para dibujar. Incluso se dice que constantemente graficaba en caricaturas algunos momentos que lo rodeaban. ¿Podes puntualizar algunas de las historietas en la que posaron? ¿Recordas alguna caricatura particular que te haya tenido como protagonista?

-Con mi hermana fuimos las niñas y mujeres de El Eternauta, y yo, puntualmente, fui “Wilbur” (cthulhú) de las historietas que hizo de Lovecraft, “El llamado de Cthulhu”. Pero cada vez que necesitaba un modelo de nene o nena, nos ponía a nosotros. Y a medida que fuimos creciendo fuimos utilizadas en diferentes ilustraciones o cuadritos de historieta.

-¿Cómo le afecto la muerte de su amigo Oscar Conti (Oski)?


-Muy mal. Ellos eran muy amigos. Amiguísimos. Oski, además de ser un creador genial, fue un gran tipo. Yo tuve la suerte que el me eligiera para dibujar en sus últimos años. Oski venía todas las mañanas a dibujar a mi departamento…tuve ese privilegio, y ese Honor.

-Alberto tenía en su trabajo una clara concepción clasista, un proletario del lápiz

 ¿Intercambiabas ideas políticas con él?

-Mi viejo consideraba que la profesión de dibujante, era un trabajo como cualquier otro. Fue el tipo menos “divo” que conocí en mi vida. Nunca se consideró un “artista” y vaya si lo era; fue un revolucionario del Arte. Un creador maravilloso. Considerado como uno de los más grandes dibujantes del mundo. Y sin embargo, era un hombre tan humilde, tan sencillo. Generoso, siempre, con los otros. Mi padre se consideraba un hombre de izquierda. Pero no de las izquierdas conocidas, tenía una manera justa, sabia y sensible de considerar la vida y la vida de los demás. No toleraba los totalitarismos de unos ni de otros. Era un tipo amplio, democrático, siempre de lado del que menos tenía, con una enorme empatía por todos y hacia todo.
Sí, hablábamos de política, claro. Yo milité desde muy chica, y si bien el se angustiaba mucho, jamás me prohibió nada.
 

Mataderos: La cuna del campeón


Por Pabla Ochoa



Todo es Made in Torito. Justo Suárez es una luz incandescente en la tierra de triperos y mucangueros. Oriundo deesos baldíos, el pugilista está en el pináculo de su carrera. Tito Breccia canta y silba el tango “Muñeco al suelo”de Papávero y Francisco Lomuto;

“¡Justo Juárez solo!
¡Torito viejo y lindazo, sácalo como sabes!
No le des tiempo; ¡Fájalo, fájalo como sabes!
¡Justo Juárez solo!
¡Torito viejo rómpelo!
Ya esta listo crúzalo”.

Ese hombre le llamaba la atención. Sabía del camino que transitó para llegar al corazón popular. Le comenta a sus pares cómo su ídolo se habíadesempeñado como auxiliar de cronistas deportivos en el diario “La Republica” y destaca la figura del periodista Carlos Rúa, como la persona que fue capaz de ver sus dotes boxísticas y ser el creador del apodo “El Torito de Mataderos”.Después del triunfo en la vieja cancha de River Plate ante el contrincante Tani Loayza, con 55.000 espectadores, sumado a la presencia del príncipe de Gales,Eduardo de Windsor, que estrechó la mano de los boxeadores después del match, el fanatismo por Suárez crece a pasos agigantados. 


Los más jóvenes del rioba dejan de pelotear en el centro de lascalles para crear cuadriláteros improvisados en el fondo de sus hogares. Él observa cómo explotan de gente las instalaciones del boxing club “El Coraje”, ubicado en la calle Murgiondo y Bragado. Se asombra de los brazos que sudan miseria y anhelos. Se sienta contra una de las paredes yve hacer guantes a esos pibes. Escucha las directivas a sus pupilos de Oscar Casanova, campeón olímpico, y de Víctor Castillo, campeón argentino. Las graba en su mente para luego copiar esas posiciones en una pared, usando su sombra como contrincante. Admira a su hermano Humberto, que se anima a aprender el deporte con el hermano del “Torito” en el propio patio de los Breccia. Esa experiencia boxística amateur lo seduce, lo enamora, lo desafía a una experiencia nueva. Se imagina poder comprarse una bata roja con letras amarillas y que lleve su nombre. Perfecciona sus golpes a la vida, busca un cross a la mandíbula que lo ayude a obtener una victoria contra la dura pobreza. Se humedece de estallidos de rabia. Aprende que muchas veces se pierde aún ganando. Se refugia en la espera de algo que aún no tiene forma. Se inspira en los proletarios de la vida que lo rodean y espera ser como su ídolo.Sus puños en alto son consonantes y vocales para establecer una comunicación sin intermediarios, en un lugar que fuerza a sus jóvenes a brindar su fuerza de trabajo.
El 25 de junio de 1931 se revoluciona el vecindario. Desde la salida del sol se comienza con los preparativos técnicos. Se instalan gramófonos a galena para que todos puedan escuchar en la llecael combate por el titulo mundial entre Suárez y Billy Petrolle. Caen las estrellas y Tito se sienta bajo un poste de luz. Sufre cada segundo, cada round. Grita eufórico cada vez que el argentino sacude a Petrolle con sus golpes.

 Se contagia del cuerpo colectivo que impulsa al argentino al triunfo. La noche parece apuntar a un horizonte de gloria. El relator en unos segundos modifica ese presagio popular. El énfasis del emisor se ubica en los derechazos fatales de Petrolle. Nadie lo quiere aceptar, pero la semilla de la caída es inminente. Después de aguantar al rival, el ex mucanguero, el ídolo popular, besa el piso del cuadrilátero. El Torito pierde luego de setenta combates en los que nunca había conocido la derrota. Tito no puede dejar de llorar. No encuentra consuelo. Igualmente, reconoce el esfuerzo de ese hombre al que había visto llegar en su Granham Paige, bien empilchado, para tomar unos mates con su madre en el patio de su casa natal. Desolado, larga un grito entre dientes: ¡Vamos, Torito viejo!En esa noche, todas las heridas las encierra en una flor de laurel. 

El 12 de agosto de 1938 lo sorprende. No puede creer la noticia. Se desgarra por dentro. Su ídolo ha dejado de respirar. Es un huérfano, como casi todo Mataderos. Su hijo más pródigo los ha abandonado. Al día siguiente se acerca a Retiro a despedir los restos quellegan de la provincia de Córdoba. Es parte de la multitud que marcha al cementerio de Chacarita. Sus pensamientos relampaguean en su penumbra, pero de algo está seguro. Nunca olvidará la guapeza y honestidad de ese deportista que estuvo en la cima del boxeo internacional. En la desazón que causa el dolor, ingresa a un local de la calle Alberdi y compra una fotografía de su Torito. La imagen lo acompañará toda su vida, como una huella a seguir. Como una huella que no ha de olvidar.








martes, 16 de enero de 2018

El arte de hacer reír

Por Pabla Ochoa 

Él no detiene el andar. Intenta, busca revertir la negativa constante de los encargados de los dibujantes de las distintas publicaciones periodísticas. Muestra una y otra vez su trabajo de caricaturas políticas y tiras cómicas. Cuando siente esa idea de bajar los brazos, aparece en escena Rafael, su hermano de la vida, que lo alienta en su rol de dibujante, mientras en su humilde hogar le ceba unos amargos con yerba secada al sol.
No abandona; al contrario, se empecina en salir de la mishiadura que lo rodea. Cuando llega la noche se enfrenta al tablero y transita el camino de aprendizaje básico, copiar a otros dibujantes que están publicando.

 Nacen de esas jornadas dos personajes, “Clodoveo y Rufilanchas”, que nunca mostró a nadie, y “Mu- Fa”. Las aventuras del detective chino llegan a publicarse en la revista “Berretín”. De esa experiencia no obtiene ningún beneficio económico, pero puede difundir su faceta de humorista. 



“La influencia del dibujo humorístico norteamericano es muy fuerte; él leía a todos los renovadores de los años 30, porque además era lo que el quería hacer cuando empezó, todo eso le quedo latente durante años”3, advierte Juan Sasturain, para entender el tratamiento gráfico de Mu-Fa.


 Carlos Garaycochea, humorista y amigo del dibujante, apunta a la observación como característica medular para la caricaturización de hechos de la realidad: “Creo que la tarea de un humorista honesto es dar observación, inteligencia, y dar humor que se pueda hacer delante de toda la familia 4”. 


En cambio, para el ex ayudante y alumno de Breccia, Horacio Lalia, el humor y la aventura no van de la mano: “ En el humor importa el chiste y el momento, pero es diferente a lo nuestro, dibujantes de revista. Por eso el humor no es como la historieta y, lamentablemente, no podemos hacer algo combinado. Somos como tribus diferentes”5.

 Esa asimetría en Tito nunca existió. Él era oriundo del humor y pese a ingresar al universo del dibujo serio, nunca abandono la pasión por esa forma grafica, sencilla pero a la vez compleja, que es el arte de hacer reír. En la entrevista realizada por su colega Oscar Vázquez Lucio (Siulnas) en 1989, confesó sin tabúes: “Siempre me gustó más el dibujo humorístico que el serio, aún hoy”.


3      Sasturain, Juan; “Breccia se reinventa todo el tiempo”, por Andrés Valenzuela, en Pagina 12, sección Cultura & Espectáculos, Buenos Aires, 8 de diciembre de 2013.

4     Garaycochea; Carlos; “Muestra de la historieta en Moreno”, en ParaUd!.., sección cultura, Julio de 2013.


5    Lalia, Horacio; “La historieta como medio de comunicación””, por Emilio González Larrea, en Proxima, diciembre de 2012


Jóvenes de ayer


Por Pabla Ochoa


Inquietudes, suspiros en voz baja y constantes imágenes en su cerebro era el transitar de un deseo íntimo que lo atravesó toda su niñez: ser director de películas cinematográficas. Esa proyección era una chispa blanca producto de sus largas estadías junto a sus gomias en cines de barrio, como el “Nueva Chicago”, más conocido popularmentecomo “La Piojera”. La amistad fue la trinchera que lo protegió del frío en esa década infame y del hambre puro e insaciable de ese mundo orillero de las configuraciones complejas. José Álvarez, el Chino Guevara, Rafael Pugliese, entre otros jóvenes, fueron parte de la barra del barrio. Ellos se acercabanpor el atrio de el “Alberdi” a husmear qué exhibían, pero casi siempre elegían ir al Cine Arte, donde luego funcionó el Lorraine.Construyó en su mente millones de historias a partir de ver “Carnet de Baile”, “La Gran Ilusión”, “La Kermesse Heroica” y, en particular, las que trabajaba Mae West yla actriz francesa Claudette Colbert. Luego de cada proyección un ramalazo de historias no narradas lo sacudía, era un juguete rabioso en búsqueda de la superación existencial.

En 1936, junto a sus camaradas de aventuras, integra la murga del barrio “Los Dandys de Mataderos” y pinta con cal los frentes de los clubes para poder ingresar gratis a las noches de fiesta en homenaje al rey momo. Irma Dariozzi de Breccia, segunda compañera de vida, se muestra sorprendida sobre la participación de su esposo en esa actividad festiva: “Alberto era muy tímido, aún no sé cómo se metió en “Los Dandys de Mataderos”, quizás por sus amigos. La verdad, no lo sé”.


En esas jornadas festivas que se realizan en la calle Alberdi, el joven Breccia formó parte de una pelea de gran magnitud que fue causada por un colectivo que atropelló a la mascota de la murga, Héctor Laudari, y que no frenó para socorrerlo. Se desatan los puños y la furia de los muchachos sólo se frena con la presencia de la policía. Alberto es reprimido y detenido en la departamental de los perros guardianes del orden. Esta participación activa en la fiesta popular es un misterio de su juventud que se desparramó en sus dibujos como un rompecabezas de su propia identidad: ”Tomemos la murga Dandys de Mataderos, que aparece en William Wilson; los únicos que pueden comprender lo que significa su presencia en la historia son aquellos que, como yo, han vivido en Mataderos y en una época bien precisa. Tengo referencias culturales muy particulares: fuera de su contexto, es imposible descifrarlas”.


En 1987 Tito Breccia vuelve a ese territorio donde se formó como hombre. Rosa Petrone, propietaria del periódico “Los Duendes del barrio” e integrante de las reuniones en la confitería “El Cedrón”, fue testigo de ese refugio emocional que buscó el dibujante, más allá del reconocimiento mundial por su trabajo; sus gomias del rioba; “En ese año Alberto Santamaría comienza a buscar a sus amigos de niñez y se reúnen en la sede del Banco Credicopde Alberdi con artistas del barrio y con el hermano del Torito Suárez, ídolo de su infancia. De esa jornada nace la Asociación Cultural de Mataderos (A.CU.MA) de la que Breccia fue presidente. La verdad es que toda eso fue una excusa, porque en el fondo él quería estar con sus amigos de juventud. Pero ellos fueron parte de las reuniones de El Cedrón a partir de 1989 y no de A.CU.MA, donde Alberto se sentía cómodo, pero otros como yo, que éramos artistas, nos sentíamos extraños, porque nos preguntábamos de qué vamos a discutir con un bailarín de tango como era el Chino Guevara, por eso entiendo que el objetivo de Breccia era reunir a su barra de la esquina de Oliden y nada más que eso, lo demás era un pretexto”.


El intento de reconstruir su infancia no fue un simple viaje al pasado, sino volver a habitar un mundo de vida que latía en sus venas: “Éramos un grupo de muchachos ignorantes, todos. Con ansias de salir del pozo. Tipos humildes; aprendices de tipógrafos, changadores del matadero, los que trabajaban en la trocha, carboneros. Mucha pobreza, ningún aliciente, nada. Un barrio en que había que laburar como un negro para sobrevivir. Ese mundo para mí está vivo”.