Por Pavla Ochoa
Desde hace
tiempo que quiere retomar a Mort Cinder.
Aún
recuerda todo lo que costó terminar la aventura de Las Termópilas. Era poca
guita la que cobraban, pero Héctor, estaba peor, no había recibido un pago y
decidió suspenderla por un tiempo. Ahí, Pipiolo, usó toda su astucia para
motivarlo y se inventó un cuento, una mentira. Le dijo que la King Feataures
estaba interesada en la historieta y que él habló con el que era el presidente
de los corresponsales extranjeros, que la mandó a los Estados Unidos y que la
querían publicar. Y que era necesario que terminara esa aventura. Así se terminó;
si no, hubiese quedado inconclusa, olvidada.
Ahí está,
queriendo resucitar a Mort Cinder. No lo quiere hacer para hacerse unos mangos,
porque nunca exploto la guita con la historieta, nunca le alcanzó el mango,
siempre con lo necesario para pucherear y estar tranquilo. No se queja, es lo
que eligió. Ahora tiene el impulso
de volver a ese personaje. El loco Barreiro, le trajo un argumento, pero no lo
convenció. La cosa no camina ni para adelante, ni para atrás.
Quizás sea
el momento de soltar.
Va al mueble donde guarda los originales y la
carpeta con viejos argumentos y se queda contemplando ese texto que escribió
Héctor en el 75, en ese intento de hacer una nueva aventura de ese personaje de
muerte y ceniza que iban a hacer para la revista; “Información”. Ahí, tampoco,
la cosa fue para ningún lado. Alberto, se quedó con ganas de dibujarlo;
“Diligencia a cuchillo”, era su título.
Lee una
parte de ese oxidado argumento; “General de Ezra y Mort con el letrero.
Mort: “Stagecoach to Cuchillo” “Diligencia a cuchillo”. Yo estuve allí en
Cuchillo…Viviendo un momento que según lo mires, fue planeado por un Supremo
Guionista …o por una mente enferma”.
Se ríe de
lo que decía de sí mismo su amigo. Lamenta no haberlo hecho, pero no puede retroceder
en el tiempo. Ya no es el mismo tipo, no tiene 40 años. En el fondo sabe que si
hubiera continuando dibujando a Mort Cinder hubiera alcanzado la perfección
absoluta pero inmediatamente hubiera seguido la inevitable caída. Además, seguramente
se hubiera aburrido.
Ya no es el
mismo y tampoco quiere volver a serlo.
Es momento
de soltar. Guarda nuevamente el argumento
y de la nada, siente un aleteo infinito de pájaros que suben hasta su corazón y
explotan infinitamente.
Soltar y
saltar, esa rayuela que es la vida misma.
Fuente: https://betina-pascar.blogspot.com/2019/05/mi-abuelo-alberto-breccia-era-un-tipo.html
https://www.youtube.com/watch?v=tOGWIVv0Gc0&t=1164s

No hay comentarios:
Publicar un comentario